Las agresiones contra niñas, jóvenes y adultas constituyen uno de los males más antiguos de la humanidad. Perjudica a millones de mujeres de distintos países, afectando también a las que aún están en gestación.
La violencia de género es una de las formas más frecuentes y antiguas de abuso.
Los ataques pueden ser de tipo físico, psicológico o sexual, y aunque generalmente se los asocia al hogar pueden ocurrir en sitios como el trabajo, la escuela, la calle o desde el mismo Estado. En algunos países ocurre incluso antes del nacimiento, cuando se realizan abortos selectivos de niñas por la preferencia generalizada de tener un hijo varón. Por el mismo motivo, una vez que nacen se les niega el alimento o el tratamiento médico, se les prohíbe salir o casarse con quien deseen, e incluso se las somete a mutilaciones genitales.
La forma más común de violencia contra la mujer es la doméstica, es decir la realizada por un hombre conocido y con el que convive. Puede ser el padre o el marido, y en muchas ocasiones termina con internaciones hospitalarias o la muerte.
A pesar de la gravedad del tema, la mayoría de las víctimas se niega a efectuar la denuncia y a hablar de esto con otras personas. También evitan acercarse a los centros de salud para curar las heridas por miedo a que el médico presente una denuncia. La principal razón detrás del ocultamiento es la vergüenza o el miedo de que se las culpe a ellas. El temor ante una posible venganza del golpeador es otro factor que atemoriza a estas mujeres, que creen que las autoridades no pueden defenderlas. Algunas están convencidas de que son responsables del maltrato y que, por lo tanto, no tiene ningún derecho a quejarse o cambiar la situación.
En la mayoría de los países existen dependencias estatales y organizaciones gubernamentales dedicadas exclusivamente al tema del abuso de mujeres. Allí se puede recurrir en busca de consejo y ayuda, ya que ofrecen una pauta de los pasos a seguir para abandonar una relación abusiva. En algunos casos las hospedan temporalmente en refugios donde pueden ingresar con los hijos. Desde allí las ayudan a conseguir un empleo y establecerse de manera independiente y alejada del hombre que las tuvo sometidas.
En 1996, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) resolvió que la violencia debía ser considerada un asunto prioritario dentro del área de la salud pública. Este tema no es solo grave por el sufrimiento y daño físico que ocasiona a las mujeres sino que, además, tiene consecuencias negativas sobre cuestiones como la maternidad segura, la planificación familiar y el contagio de enfermedades de transmisión sexual. Además, la consulta médica puede ser el primer paso para salir de la situación.
Sin embargo, en algunos países el sistema de salud no está preparado para lidiar con este tipo de crimen. Los profesionales carecen de la capacitación necesaria para detectarlo o tomar las medidas adecuadas cuando se observa que una mujer es víctima de abusos. Además, los prejuicios y actitudes sociales detrás de este tipo de conducta también se encuentran en las instituciones hospitalarias y juegan en contra de las damnificadas.
Otro problema grave es que tanto las personas en general como algunos profesionales de distintas áreas creen que solo las mujeres de clase baja o de ciertos grupos étnicos y religiosos están sujetas a abusos físicos o psicológicos, pero las investigaciones muestran que este tipo de crimen afecta a niñas, jóvenes y adultas de toda escala social o grupo cultural.
El problema del maltrato de género está instalado en casi todas las sociedades y debe ser tratado con dedicación y seriedad.
Aunque los gobiernos toman medidas para prevenirlo, muchas mujeres sufren distintos tipos de abuso que no les permite tener una vida normal. Su defensa y atención es una deuda pendiente en la agenda de los derechos humanos a nivel internacional.