Aunque la limpieza es vital para evitar el crecimiento de gérmenes, los artículos utilizados para mantenerla son responsables de la mitad de las intoxicaciones que suceden en el hogar.
La higiene personal y de los lugares donde se vive y trabaja son fundamentales para la calidad de vida y la prevención de enfermedades. Sin embargo, al menos el 50% de las intoxicaciones domésticas son causadas por productos de limpieza, y ocho de cada diez de ellas ocurren por vía oral. Los químicos que contienen son potenciales generadores de complicaciones que pueden requerir de atención médica e intervención hospitalaria urgente. Las víctimas más frecuentes son los niños de hasta tres años, que pueden movilizarse por sí mismos y, por lo tanto, entrar en contacto con latas o frascos sin supervisión de los padres.
Uno de los peligros más habituales es el de los artículos para platos y prendas. Los detergentes para el lavado manual de la vajilla tienen una alta proporción de tensioactivos aniónicos, químicos con baja toxicidad cuya ingesta causa irritación gastrointestinal que empeora en dosis altas. Los jabones para máquinas lavavajillas presentan un riesgo mayor. Contienen tensioactivos no iónicos con liberadores de oxígeno o cloro que irritan la piel y las mucosas, originando lesiones con ligeros sangrados en el tracto digestivo. Si ingresa al organismo en cantidades elevadas, las complicaciones pueden ser más peligrosas. Los productos para lavarropas provocan serios daños cutáneos cuando el contacto es prolongado, y también afectan los ojos al ser una fuente posible de conjuntivitis o lesiones corneales. Su ingestión, aunque sea escasa, trae nauseas, vómitos y dolor abdominal, pero cuando es alta surgen en el tracto digestivo alteraciones que pueden configurar un cuadro de intoxicación peligroso.
Si la ingesta o irritación de piel y ojos finalmente ocurre, hay un número de procedimientos de emergencia que conviene recordar. Al contrario de lo que generalmente se escucha, es contraproducente y dañino administrar líquidos, leche o cualquier otra bebida o comida. Cuando los ojos son los afectados, conviene no aplicar pomadas o cremas. La primera medida a tomar es el lavado con agua corriente durante 15 minutos, manteniendo los párpados abiertos para que el líquido arrastre el químico que podría haber permanecido en cantidades muy pequeñas en la córnea. También se debe recurrir al agua en los casos de contacto cutáneo e irritación de la piel, ya que si no se remueve el tóxico este seguirá afectando la zona. Llamando al servicio de toxicología local se pueden obtener las indicaciones adecuadas para cada producto, pero de cualquier manera conviene realizar una consulta médica o presentarse en un servicio de urgencias lo más rápido posible. En todos los casos, al realizar la consulta se debe llevar el producto que causó los problemas para que el profesional lo analice y decida cuál es el mejor tratamiento a seguir.
Los artículos de limpieza son un bien necesario para mantener la higiene y la salud. Sin embargo, representan una posible fuente de intoxicaciones y contaminación, por lo que siempre se recomienda un uso responsable, cauto y consciente.