Documentales del papa, películas de romanos, Zeffirelli por acá, Charlton Heston por allá, pasiones, Ave Marías en los noticiarios y todo el repertorio habitual de la Semana Santa por televisión se cumplió este año. Hasta Rodolfo Baquerizo se abstuvo de entregar su gabardina. Entre la noticia de un crimen, el avance de otro y los comerciales, ‘El Noticiero’ de TC nos ponía claquetas con las siete palabras de Jesucristo en la cruz: un apuñalado, “perdónalos Señor porque no saben lo que hacen”, un suicidio, “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”, un asalto, “tengo sed”… Y así.
Asistimos a los esfuerzos de los canales por hallar un equilibrio entre las expresiones de piedad cristiana a las que se sienten obligados y su necesidad de mantener el rating. A veces esos esfuerzos rayan en la comicidad, como ocurrió con la casi herética propuesta de programación de Ecuavisa: la vida de Jesús el Viernes Santo y Duro de matar el Domingo de Resurrección. En serio. Pero bueno, nuestra televisión hace lo que puede. Y, como eso de tener ideas originales no es lo suyo, es normal que pueda poco. Ni modo, otra vez Ben-Hur con cortes comerciales, qué le vamos a hacer. Tampoco hay nada malo en todo esto.
Lo que personalmente me resulta molestoso es esa falsa complicidad religiosa que los noticiarios se permiten establecer con el espectador. ¿Por qué tienen que suponer que toda su audiencia está conformada por católicos? ¿Por qué tienen que hablarnos de sus dogmas de fe como si fueran hechos noticiosos en lugar de creencias de un grupo de personas? ¿Por qué hasta el más novato de los reporteros tiene que catequizarnos en lugar de informarnos? La religión católica es mayoritaria, no oficial. Y en materia de religión, el periodismo debe ser tan independiente como en materia de política. Me pregunto si los canales son conscientes de lo excluyentes e intolerantes que se ponen cada Semana Santa.