Sábado 26 de marzo del 2005 Discovery

Botox

La toxina botulínica se convirtió en la mejor aliada de las mujeres contra las arrugas faciales. Es un tratamiento sencillo y con muy pocos riesgos.

Hace pocos años comenzó a practicarse en gran escala un método para quitar las arrugas faciales que no requiere bisturí ni anestesia, es indoloro, de fácil aplicación y de efectos casi inmediatos. Se trata del Botox, nombre comercial del fármaco derivado de la toxina botulínica tipo A. Su principio activo consiste en impedir la liberación de un neurotransmisor y provocar, en consecuencia, la denervación (es decir, el relajamiento) del músculo donde es aplicado.

Muchas de las arrugas de la cara aparecen en personas jóvenes y de mediana edad. Cada gesto facial realizado por un individuo involucra el concurso de uno o más músculos, y su repetición durante años, como la ejercitación de los músculos del cuerpo, provoca el crecimiento de esa masa muscular y genera los pliegues característicos del entrecejo, la frente y los extremos periorbitales. Para el tratamiento de esas arrugas está específicamente indicado el Botox. Se aplica localmente por medio de microinyecciones, en una sola sesión de pocos minutos, y los efectos comienzan a aparecer horas después. Al inhibir la tensión del músculo, las arrugas desaparecen.

Frente a otras alternativas de cirugía estética facial, las ventajas de este fármaco son claras: el tratamiento es menos traumático y sus efectos son más naturales porque no suponen la incorporación de material de relleno, que a veces puede dar a la expresión un aspecto forzado. Por lo demás, su aplicación no comporta mayores complicaciones siempre y cuando la realice un cirujano plástico o un dermatólogo que conozca la técnica y las dosis apropiadas para cada caso particular. Pero el tratamiento con Botox tiene sus riesgos, límites y contraindicaciones.

Los riesgos son pocos y menores: en dosis altas, puede producir parálisis musculares transitorias y en personas hipersensibles puede provocar sensaciones de adormecimiento en la frente o los párpados durante dos o tres semanas. El efecto de una aplicación es limitado temporalmente: dura unos seis meses, pero si se continúan las aplicaciones con control médico, una vez pasado ese período los resultados pueden ser más duraderos, aunque lógicamente a costa de cierta pérdida de potencialidad gestual.

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