Cosme El Viejo inauguró la dinastía en 1434 pero sus orígenes datan del siglo XII. No pertenecían a la nobleza pero fueron acumulando grandes fortunas mediante la banca y el comercio, consolidando al mismo tiempo su poder e influencia política en Florencia. Cosme llevó una vida simple y cultivó con gran esmero la literatura y el arte. Instaló la biblioteca más grande de Europa e incluyó en ella muchas fuentes griegas, patrocinando a personas de la talla de Brunelleschi y Donatello. Durante su vida y la de su hijo Piero y sus nietos Lorenzo y Giuliano, la ciudad se consolidó como un centro de cultura y la cuna de un nuevo humanismo. Con Lorenzo el Magnífico se alcanzó la mayor gloria cultural del período pero su gobierno fue tiránico y sus costumbres hedonistas. Sus descendientes fueron más débiles y debieron enfrentar sucesivos ataques extranjeros y exilios que fueron erosionando la gloria alcanzada.
Sin embargo, Cosimo I ascendió al trono en 1537 y, con 18 años de edad, recuperó y consolidó un poder que ejerció de manera despótica. Era un hombre de amplios conocimientos que promovió tanto el arte como la economía y la navegación. Su hijo Francesco I no logró mantener el nivel alcanzado por su padre, pero el esplendor retornó a su muerte, cuando su hermano menor, Ferdinand, lo reemplazó en 1587. Estaba interesado en la ciencia y fue él quien apoyó los estudios de Galileo Galilei. Al casarse con la nieta de Catalina de Médici, la reina de Francia, tuvo cuatro hijos y cuatro hijas. La economía de la ciudad comenzó una lenta pero constante declinación a partir del reinado de su nieto Ferdinand II, culminando el proceso en 1737 con la ocupación de la región Toscana por parte de Austria. Gian Gastone, el último Médici, murió sin dejar descendencia.
Para más información, vea La Cripta de los Médici, el viernes 25 de marzo a las 9 p.m. en Discovery Channel.