Una cosa es que la mayoría de ecuatorianos sea católica. Otra, muy distinta, que las noticias se conviertan, con ese pretexto, en espacios para el adoctrinamiento religioso. Una cosa es que la Iglesia, en virtud de la autoridad que gran parte del país le atribuye, tenga derecho a espacios de proyección pública en la TV. Otra, muy distinta, que los informativos hagan proselitismo a su favor.
En ‘Está clarito’, las noticias y la doctrina católica vienen juntas y revueltas de la mano del padre Agila y sus acólitos. El otro día, lo que debía ser un “informe” (así dijeron) sobre el avance de las obras en el Vía Crucis del Cerro del Carmen, fue en realidad una catequesis sobre el sacrificio de la Cruz y los valores espirituales del Vía Crucis. Con él “se ganan indulgencias parciales”, explicó Agila. “Venga para acá, realice este acto de piedad cristiana y va a experimentar paz, tranquilidad y una vista espectacular de Guayaquil”.
Julio Ayala, Julie Vidaurreta y Úrsula Strenge, batían palmas. En su entusiasmo, la exaltación del misterio de la redención humana se confundía con la celebración del proyecto de regeneración urbana. Qué fantástico haber rescatado el cerro de manos del hampa para convertirlo en un lugar donde podemos, en palabras de Vidaurreta, “ofrecer nuestra fe cristiana sobre la ciudad”; un lugar que ya es, según Ayala, “sitio obligado de peregrinación en Semana Santa”.
De los noticiarios cabe esperar una de dos cosas: que sean independientes en materias política y religiosa, o que no lo sean pero lo declaren. Así: “noticiero católico para la comunidad de fieles”. O bien: “espacio informativo del comunismo internacional”. El problema para ‘Está clarito’ es que, si se declara católico, ya no podría invitar al grupo femenino ‘Las hembras’, así se llama, para filmarles el trasero mientras cantan “esto se pone caliente”. No se puede ser, al mismo tiempo, Jerusalén y Babilonia. ¿O sí?