Jueves 10 de marzo del 2005 Migración

Los inmigrantes sufrieron más por atentados

AFP | MADRID, España

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MADRID.– Los ecuatorianos Teresa y Luis Cisneros muestran la foto de su hermano Osvaldo, fallecido en los atentados del 11 de marzo del 2004.

Los atentados de Madrid provocaron daños físicos graves, muchos visibles en los 1.900 heridos, pero también dejaron un tendal de secuelas que no se ven: depresión y pánico, que en los inmigrantes se suman al dolor de afrontar la tragedia en soledad.

Obreros, estudiantes y empleados españoles, pero también extranjeros  indocumentados, que iban a sus trabajos a primera hora de la mañana fueron sorprendidos en los andenes o en cuatro trenes que se dirigían de la periferia de Madrid a la estación de Atocha por unas explosiones que les arrebataron las  vidas a 191 de ellos.

Los inmigrantes fueron “doblemente víctimas”, asegura la psicóloga Mónica Pereira, que integró el equipo de emergencia creado tras el 11 de marzo. “Muchos no tenían a nadie aquí y por miedo, pues no tenían papeles, no se sentían capaces de acudir a la sociedad para pedir ayuda”, puntualiza.

Aquel día, Teresa Cisneros, ecuatoriana de 38 años, perdió en Atocha a su hermano Osvaldo, de 32, obrero de la construcción. Aunque recibió una indemnización y un permiso de residencia y trabajo por un año, es un alma en pena con la mirada perdida. “No he conocido psicólogo, ni médico, ni nada. Yo solita he salido adelante”, dice Teresa, que debió reconocer el cadáver de su hermano.

Jesús Ramírez Castaneda, de 50 años, quien iba en uno de los trenes y es vicepresidente de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, afirma que “lamentablemente, hay personas que siguen viviendo día a día el  horror” y que los inmigrantes fueron quienes más problemas burocráticos tuvieron “unos por miedo, otros porque no podían demostrar que estaban en los trenes”.

La colombiana Gloria Jiménez, de 30 años, forma parte de los heridos. “En mi vida cambió todo”, asegura Gloria, empleada de limpieza. “Me dejó muy marcada no haber podido ayudar a ese chico y a una señora que todos pisoteamos” tras salir desesperados de uno de los trenes, dice mientras sus ojos se llenan de lágrimas.

Gloria está en tratamiento psicológico, pero tardó dos meses en volver a subirse a un tren. “Las terapias me han ayudado mucho para entender que no debía sentirme culpable. Que los culpables fueron quienes hicieron eso”, dice esta bogotana a quien rechazaron el pedido de regularización “por falta de pruebas”.

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