Miércoles 09 de marzo del 2005 Migración

Ecuatorianos padecen aún los efectos del ataque férreo

MADRID, España | Aracely Arias para EL UNIVERSO

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Beatriz Camacho no salió herida, pero sufre un gran impacto psicológico.

Cerca de un año después de los atentados del 11 de marzo, cuando decenas de bombas estallaron en trenes  repletos de estudiantes y obreros, la ecuatoriana Beatriz Camacho, de 38 años, testigo del ataque, tiene un reporte psicológico en el que le reconocen 40 síntomas físicos y emocionales.

Como ella, son cientos los inmigrantes afectados por la tragedia que dejó 191 muertos, entre ellos, seis ecuatorianos.

El jueves 11 de marzo del 2004, a las 07h37, la ecuatoriana Beatriz Camacho, de 38 años,  esperaba  en la estación de Atocha el tren que venía de Alcalá de Henares. Tres minutos después escuchó una fuerte explosión que resintió sus oídos y al poco tiempo vio las imágenes que aún no se borran de su mente: personas ensangrentadas que aparecían entre el humo.

Para su fortuna, el tren llevaba segundos de retraso, por lo que la bomba explotó antes de que llegara al andén, donde ella lo esperaba, y no dentro de la estación.

Ante la conmoción, Beatriz intentó salir de la estación y fue cuando escuchó una segunda explosión. El pánico fue general. “Yo solo le pedía a Dios que me ayudara y salí corriendo”.

Cuando estuvo afuera de Atocha, no dejaba de llorar y de temblar mientras observaba a otras personas con quemaduras en la cabeza y en el resto del cuerpo. Tras estabilizarse, su preocupación por no perder el trabajo –que era hacia donde se dirigía– hizo que se comunicara con su patrona para decirle que llegaría tarde porque explotaron unas bombas.

Por su condición de indocumentada (llegó a España hace dos años), creyó que era mejor no acudir a un hospital a recibir atención médica o psicológica. Además no presentaba heridas. Se fue en bus a su trabajo y su empleadora le dio agua aromática para que empezara sus labores de doméstica.

Casi al año de los atentados, Beatriz muestra un reporte psicológico del Centro de estudio y gestión de la inteligencia que atiende a las víctimas del 11-M, en el que reconocen que debido al capítulo que vivió presenta más de 40 síntomas físicos y emocionales que han afectado su salud. Entre ellos, taquicardia, tensión muscular, fatiga intensa, mareos, estado de hipersensibilidad, miedo.

Ese reporte forma parte de la apelación que presentó ante la Delegación del Gobierno, entidad que a más de negarle la residencia le pidió que abandonara el país en julio pasado, pues no  consideró suficiente el reporte médico que presentó anteriormente como víctima del 11-M.

Ella cree que el principal motivo es porque no acudió el mismo día a consulta médica.

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