Sábado 05 de marzo del 2005 Discovery

Mentiras que curan

Las simulaciones por computadora ya ocupan un espacio en la medicina. Los estudiantes practican sobre cuerpos virtuales, mientras los pacientes curan sus fobias y dolores.

La realidad virtual engaña los sentidos. Convence al usuario de que escucha, ve y siente en un mundo que, aunque no lo crea, sólo existe en un ordenador. A través de la simulación digital, se logra que una persona interactúe con la computadora y con otros participantes en un juego que, en el contexto de la medicina, se transformó en una herramienta educativa, terapéutica, diagnóstica y preventiva.

La nueva tecnología permite a los estudiantes entender principios fisiológicos y anatómicos a través de ejercicios donde navegan a través de los distintos órganos y en el interior de los mismos. El cuerpo humano es representado en su forma normal o patológica, y se simulan sus respuestas ante las acciones que el futuro médico induce con el instrumental quirúrgico o su propia mano. Mientras realiza un procedimiento o busca los síntomas de la enfermedad de su paciente virtual, el participante siente la retroalimentación sensorial a nivel del tacto, el oído y la visión. Este mecanismo se usa, a su vez, para que los profesionales practiquen algún procedimiento antes de realizarlo, mantengan su destreza quirúrgica o adquieran nuevas habilidades.

Uno de los usos más frecuentes se da en la rehabilitación, donde un paciente con problemas de movilidad o directamente confinado a una silla de ruedas puede simular que realiza actividades como manejar un operador telefónico o andar en bicicleta. Al incrementar el nivel de dificultad, muchas personas logran, lentamente, ir recuperando su estabilidad y capacidad de traslación.

También se experimentó su utilidad en el tratamiento del dolor, al sugerir a los pacientes de cáncer que se colocaran los cascos y comenzaran un juego mientras se les aplicaba la quimioterapia. Los resultados fueron positivos ya que muchos dijeron que los síntomas habían dejado de ser tan incómodos, tanto durante como después de la administración del tratamiento. Al realizarles un electroencefalograma se detectó mucha menor actividad en las áreas cerebrales relacionadas con el dolor, y la explicación fue que los simuladores simplemente generaban distracción.

En psicología, los ambientes virtuales demostraron su eficacia en una variedad de condiciones como los desarreglos alimentarios, el autismo o las fobias. Al presentar una realidad sobre la que el paciente tiene absoluto control y en la que puede desenvolverse a voluntad, se enfrenta a sus miedos de forma segura y bajo la supervisión de un profesional. También se sabe que funciona en víctimas de agresiones físicas, para curar el estrés postraumático. El terapeuta crea un entorno de estímulos audiovisuales que generan sensaciones afectivas.

Con respecto al futuro, la representación virtual de un individuo y la simulación de su reacción a un tratamiento son sólo algunos de los proyectos que probablemente se concreten. En el ámbito de la medicina informática, los adelantos tecnológicos prometen sorpresas y beneficios que harán de algunas enfermedades un mal menos temible.

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