Miércoles 23 de febrero del 2005 Gente

María Gracia Manzano, es la segunda de su familia que concursa

Redactora | Carmen Cortés

Rumbo a Miss Ecuador

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María Gracia Manzano-Torres tiene 23 años. El 14 de marzo próximo cumplirá 24. Representa al Guayas.

Egresada en diseño gráfico en la Universidad Santa María, la candidata aspira a crear su propia empresa. Según refiere, es probable que esta tenga relación con las manualidades y el trabajo artesanal.

Nunca participó en un certamen de belleza. Lo suyo es el diseño gráfico, carrera de la cual egresó en la Universidad Santa María y luego puso en práctica en un medio de comunicación local. “Renuncié a él para iniciar proyectos propios. En esa planificación me encontraba cuando surgió la posibilidad de intervenir en la edición de este año de Miss Ecuador”, señala la candidata María Gracia Manzano-Torres Díaz.

Comenta que desciende de franceses. Su tatarabuelo se casó con una joven originaria de ese país, donde posteriormente se establecieron. Su padre, Bernardo Manzano-Torres, nació allá (en Francia), y su madre, Laura Díaz, en Ecuador.

Pese a sus orígenes, María Gracia dice que tiene muy poco dominio del francés. De niña le era más cotidiano y cercano; no obstante, ahora solo lo habla cuando su progenitor quiere dialogar en ese idioma. Refiere que tampoco ha visitado Francia y que por tanto no conoce a todos los integrantes de su familia paterna.

Su hermana Inés Manzano-Torres (que está casada) participó hace 14 años en Miss Ecuador y obtuvo el título de primera finalista. Fue ella quien la animó a inscribirse, detalla María Gracia y agrega que jamás cruzó por su mente ser parte del concurso y que a veces le cuesta creer que es cierto todo lo que ocurre a su alrededor.

Según María Gracia, el torneo es su primera experiencia en todo: modelar, posar para las cámaras fotográficas y de televisión, reunirse con diseñadores, participar en desfiles y visitar instituciones benéficas. Admite que le cuesta mucho enfrentar al público, salir al escenario y aparecer en cámara. Antes de hacerlo, brinca, camina de un lugar a otro. Esa es su forma de “soltar” los nervios.

“Para saber lo que realmente ocurre en un concurso de esta magnitud hay que vivir la increíble experiencia de compartir con el resto de las chicas, visitar otras ciudades y recibir el afecto, las flores, los halagos y las miradas de la gente, en especial de los niños y ancianos. Es difícil detallar ese cúmulo de emociones”, anota la candidata, que el próximo 14 de marzo cumplirá 24 años.

Explica que aunque siempre le gustó conocer nuevos sitios, es mediante el Miss Ecuador que ha podido ver por “dentro” las diferentes regiones del país y descubrir a los habitantes de cada sitio. “He podido ver al Ecuador de una manera distinta. Ahora sí puedo decir de corazón y a mucha honra que soy ecuatoriana; por los habitantes de Manabí, Guayas, Pichincha y todas las provincias a las que he visto de cerca”.

Las manualidades y el trabajo artesanal atraen a la postulante, que nació en Guayaquil y representa a la provincia del Guayas. También le gusta pintar, bordar y hacer piñatas. Quizás no las que comúnmente se ven con forma de animales o personajes de programas de televisión infantiles, pero sí las cuadradas tipo ‘Bob Esponja’, a las que se esmera en decorar y adornar. En sus ratos libres disfruta jugar con sus cinco sobrinos.

María Gracia se define como una joven risueña y a ratos molestosa. Es tan  hiperactiva que sus amigos y familiares la comparan con un conejo, “porque brinco de un lado a otro. Tengo miles de cosas en la mente y por eso siempre ando como loquita y me despisto con facilidad”.

Pero, asimismo, la concursante revela ser meticulosa y perfeccionista. Eso lo atribuye a la carrera que escogió.

Educar a las madres sobre cómo nutrir a sus hijos y atender a los niños son algunos de los propósitos de María Gracia, sea que gané o no la sucesión de María Susana Rivadeneira.

De retomar su vida y actividades “normales”, la menor de los Manzano-Torres Díaz planeará su boda con Antonio Arteaga, su novio, de quien dice estar sumamente enamorada. Refiere ser la única de sus hermanos -además de Inés están Bernardo y Ana María- que no se ha casado “y quiero tener mi hogar porque he encontrado mi complemento”.


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