Viernes 18 de febrero del 2005 Crónica de TV

Hay marchas y marchas

A juzgar por el entusiasmo y el despliegue, la TV concedió más importancia a la marcha opositora de Guayaquil que a la de Quito. En la primera, la cobertura fue unánime, extensa, ininterrumpida: comenzó una hora antes del inicio de la manifestación y terminó media hora después de su cierre. Fue, sobre todo, una cobertura abiertamente parcializada. Los periodistas asumieron jubilosamente las consignas de la marcha y apenas si prestaron atención a la contramarcha. En la segunda, en cambio, no todos los canales se sumaron a la transmisión y, de hecho, ninguno transmitió en forma ininterrumpida. En esta ocasión los periodistas no ningunearon a la contramarcha sino que hicieron esfuerzos, menos mal, por mantener el equilibrio y no tomar partido. Algunos incluso lo lograron.

Todo lo cual nos lleva a una conclusión evidente: en el Ecuador de hoy solo existe una motivación política capaz de despertar el respaldo unánime, vehemente e incondicional de la televisión. Esa motivación política se llama Jaime Nebot. Por él, los canales están dispuestos a llegar adonde no llegarían por nadie más, incluyendo a los jubilados. La simpatía que los noticieros sienten por estos últimos es fácil de neutralizar, como bien sabe Mauricio Yépez: basta con un poco de macroeconomía. Por Nebot, en cambio, los canales pierden sus papeles, echan el periodismo al tarro y se convierten en aparatos de propaganda, sesgados y parciales.

Cuando el alcalde de Guayaquil no está involucrado en la noticia, hasta podemos aspirar a un periodismo equilibrado y correcto en la TV. Eso fue lo que ocurrió este miércoles: la sensatez de los canales llegó al extremo de abandonar las marchas antes de que terminaran y así ahorrarnos buena parte de la verborrea presidencial y opositora. Estuvo muy bien, porque ¿quién necesita cuatro horas seguidas de carteles y consignas en todos los canales?

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