Uno de los grandes espectáculos del gobierno del Coronel es el inenarrable Bolívar González. Si hay algo en lo que coincidan los medios de comunicación, es en hablar mal de él, tarea a la que algunos dedican un empeño regular y constante. A la televisión le encanta el personaje… para ridiculizarlo. Porque nadie negará lo televisivo que resulta un político del que no se pueda sino hablar mal, abiertamente y sin reservas.
Lo curioso es que González vive de eso. Mientras peores cosas dicen de él los noticieros, más abre los brazos para recibirlos. Cuando está ante las cámaras es capaz de salir con la peor de las fantochadas o la más descarada de las mentiras. Se inventa multitudes de indios, suyos propios, dispuestos a marchar por él hasta el fin del mundo; imagina planes de vivienda revolucionarios con los que engatusa a los pobres; y, si le sueltan la lengua, hasta nos conversa de su gran amistad con Bill Gates y de lo interesado que está el magnate en apadrinar este país. En resumen: dice lo que le da la gana: basura vistosa. ¿Cómo no le va a gustar a la TV? Con basura vistosa se asegura González un espacio en los informativos de la noche.
Luego, claro, todo lo que dice queda en nada. ¿Dónde estuvieron los 60.000 indios que prometió para la marcha de Guayaquil? En ningún lado. No importa: los vuelve a ofrecer para la de Quito. Así, de fiasco en fiasco, el Subsecretario de Bienestar Social ha logrado solventar una notoriedad mediática sin precedentes para su cargo y sin relación alguna con su poder real. Una notoriedad basada en la mamarrachada.
Esta semana, la gente de ‘En corto’, que se desvive por él, lo visitó en San Valentín, con un ramillete de globitos rojos en forma de corazón. González habló del amor y la reconciliación, incluso con aquellos que quieren marchar contra el Gobierno. “Ojalá nos encontremos para darles un cariñito”, dijo, tan gracioso él.