“¿Y el Estado de Derecho?”, pregunta la mujer, ignorante y ociosa. “¿Qué? El estado de derecha dirás, mujer”, responde el marido, tan pilas, tan camellador, tan enterado: “Déjame trabajar, ¿no ves que tengo que dar de comer a los guaguas?”. Así dice la propaganda del Gobierno contra la marcha del 16 de febrero en Quito: 45 segundos en que los mensajes políticos están tan claros como los roles domésticos.
Vaya manera de educarnos para la democracia. Al que venga a hablarles del Estado de Derecho le pueden decir que se vaya al carajo, nos alecciona el Gobierno. Ese tal Estado de Derecho es pura “novelería” de holgazanes y derechosos. Un subterfugio de deudores. “¿No te das cuenta? Deja trabajar, ¿quieres? ... ¡Yuca te han de dar!”.
Hasta ayer, la comunicación oficial se limitó a manosear el concepto de democracia. Hoy, finalmente, reniega de él y se lanza en contra. No entiendo con qué cara el Coronel acusa a la oposición de atentar contra la estabilidad del sistema, cuando su propia propaganda oficial es, en el sentido estricto, más golpista que un regimiento de fachos.
Sin olvidar ese tufillo populachero de mala película mexicana, con mecánica de barrio incluida y un Capulina con overol al que la mujer no deja trabajar tranquilo, en un mundo donde todo se resuelve con la lógica simplista del machismo honesto y básico. Para que quede claro que esto de desertar del Estado de Derecho es la alternativa de los pobres. Y a los pobres, lo único que debe importarles en esta vida es trabajar como animales de carga y tener a un Presidente que vea Dos mujeres, un camino y a un Ministro Juez que sueñe con Sharon.
Es la pieza de comunicación oficial más nociva que he visto en mi vida. Es una majadería y una infamia. Si todavía le queda al Coronel algún respeto por el cargo que en mala hora le encomendamos, debería ordenar que la retiren de inmediato.