He observado que algunos campesinos manabitas construyen presas para recoger el agua de las esporádicas lluvias que, contrariamente a algunos anuncios de expertos meteorólogos, son hasta el momento escasas. El sol evapora prontamente el agua acumulada; los campesinos lo saben, lo han previsto; sin embargo, persisten en su empeño porque alguna agua queda para refrescar los campos.
En Crucita, a orillas del mar, de las que los temerosos se han alejado por noticias interesadas, he releído algunas de las palabras que el papa Juan Pablo II nos dirigió hace 20 años a los ecuatorianos en Quito, Latacunga, Cuenca y Guayaquil. Mientras leía, me vino la imagen de esos campesinos autores de presas y me pregunté: ¿se han evaporado las palabras del Papa? En momentos me pareció que todo parece seguir como antes, como si el Papa, como Juan Bautista, hubiera clamado en nuestro desierto.
Al mismo tiempo pensé lo que piensan los campesinos manabitas: a pesar de la inclemencia del sol, alguna agua queda para refrescar los campos.
Oigamos algunas palabras del Papa y preguntémonos qué queda de ellas. A los trabajadores dijo en Quito: “El Ecuador, junto a desequilibrios estructurales anteriores, sufre en estos momentos el peso enorme de una deuda externa que amenaza su desarrollo. A esto se añade el grave problema de la desocupación y de la falta de puestos de trabajo”. ¡Me parece que todo sigue igual! El TLC, si se aplica indiscriminadamente, sin gradual preparación, sin contrapartidas, para unos, para los mismos, agravará el problema.
“Ustedes, con razón, quieren ser respetados como personas y como ciudadanos. Su dignidad no es menor que la de cualquier otro pueblo o raza”, dijo Juan Pablo II a los pueblos indígenas, protagonistas de una asamblea que congregó en Latacunga, por primera vez en la historia, a representantes de todos los pueblos indígenas, que llenaron, junto con otros ecuatorianos, 16 hectáreas preparadas para esta histórica asamblea. Estas palabras y ese beso del Papa a un niño recostado en la espalda de su madre, beso que equivalió a una encíclica sobre la igual dignidad de los ecuatorianos, acicatearon el proceso de integración de los pueblos indígenas, como sujetos del quehacer del Ecuador uno y diverso. Ese mensaje ha sido fecundo; ha apoyado decididamente un proceso de integración de los pueblos indígenas.
A los medios de comunicación dijo: “Nunca se presten a ser instrumentos de intereses particulares desorbitados, ansiosos de medrar a costa del bien común. Tengan la valentía de comprometerse con la libertad, la justicia, la paz, los derechos y los deberes de cada persona humana”.
Mensaje acogido y actual. En discurso al Cuerpo Diplomático dijo: “Los gobernantes… nunca pueden perder de vista que su primer objetivo es el bien común de todos los ciudadanos sin distinciones y no solo de algunos grupos…”. Al mundo de la cultura afirmó: “La Iglesia quiere ser garantía y lugar de diálogo y reconciliación”.
¡Parece que el Papa estuviera hablándonos hoy!