Una de las peores y más dramáticas consecuencias de las llamadas “tormentas blancas”, esas en las que la nieve cae copiosamente y se arremolina con vientos horizontales que no descienden de los 50 kilómetros por hora, es la avalancha. Se trata del quiebre total o parcial de alguna o varias de las capas que se solidifican cuando el granizo o la nieve se amontona sobre la superficie de las montañas. Sus causas son muchas pero sus consecuencias, una: el desastre. Se estima que el promedio de muertes que provoca es de cien personas por año, sin contar las tragedias masivas, que ocurren excepcionalmente debido a que quedan pocas zonas peligrosas muy pobladas. En general, las trampas son las pistas de esquí.
La ventisca de nieve, popularmente llamada “tormenta blanca”, es un sistema del clima durante el cual los fuertes vientos van acompañados por mucha nieve. Se trata de una tormenta ciclónica, con vientos horizontales, junto con nevadas que limitan la visibilidad a 150 metros, con una temperatura del aire de siete grados bajo cero. La nieve que cae es seca y como polvo, porque el aire es tan frío que los copos se pulverizan.
Por supuesto, este tipo de fenómenos ocurre en los sitios en los que generalmente nieva durante la época invernal, pero también en aquellos lugares pueden aparecer consecuencias tardías y mortales durante todo el año. Se trata de las avalanchas, que en general tienen lugar en zonas montañosas, donde la rebeldía del terreno y del clima -tempestades que aparecen de la nada y temperaturas de hasta 10 grados bajo cero- hacen más frecuentes las caídas de rocas, lodo o nieve.
¿Cómo se originan? Los expertos meteorólogos explican que, al caer sobre una montaña, la nieve forma capas y cuando estas capas se desacomodan y una se desliza del resto, se produce una avalancha en la superficie. Pero también existen las caídas a profundidad total, que son aquellas que se generan cuando muchas capas de hielo se desprenden al mismo tiempo.
Las causas son diversas. Si se ha producido una nevada fuerte que no cesa, las capas superiores se pondrán muy pesadas y más susceptibles de romperse. Es por eso que el 90 por ciento de las avalanchas se desarrollan durante las tormentas de nieve. Otro factor importante que puede desencadenar una avalancha es el ruido y, por supuesto, el factor humano. Un sonido muy fuerte o el peso de una persona en la nieve inestable puede perfectamente generar el desprendimiento de una capa muy grande de nieve. Evitarlas es difícil, ya que las avalanchas caen a 440 kilómetros por hora, aproximadamente.
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