Los marroquíes, chilenos y bolivianos también buscan un contrato y comida luego de ser despedidos.
Muchos españoles han negociado con sus empleadas domésticas para descontarles de su sueldo el pago de la seguridad social. Unas han preferido irse, otras lo han aceptado. A otras las han despedido porque sus jefes no estaban dispuestos a afrontar el gasto. Las que se quedaron sin trabajo se refugian en iglesias, ONG y asociaciones de inmigrantes hasta encontrar otro contrato.
A la guayaquileña Teresa Montero, su empleo como doméstica fija se le acabó el 31 de enero pasado. Las hijas de la anciana a quien cuidaba le informaron que prescindirían de sus servicios porque les “resultaba más económico enviar a su madre a una residencia a las afueras de Madrid que pagar la seguridad social de la interna fija”. Como premio consuelo, la familia de la anciana de 83 años le concedió un contrato de trabajo a tiempo parcial, para así darle la oportunidad de que ella obtuviera otro empleo y postulara a la regularización como empleada discontinua.
Desde el martes pasado, Teresa tiene las mañanas libres. A las siete sale de su casa, ubicada en el metro Alfonso 13, a buscar trabajo en las calles madrileñas.
La primera puerta que golpeó fue la iglesia de su barrio donde funciona Cáritas.
Allí consiguió una lista de ONG y asociaciones que ofrecen bolsa de empleo a los inmigrantes sin papeles.
En la calle Carretas 14 del metro de Sol le dijeron que regresara más tarde. En APLA, en la calle José Marañón 15, le contestaron que volviera al siguiente día.
Una fila de inmigrantes de Europa del Este, marroquíes y un par de chilenos, bolivianos y otra ecuatoriana han amanecido para coger el turno en el comedor de APLA. Teresa llegó tarde. No necesitaba almorzar, solo apuntarse para contar sus destrezas a la trabajadora social de la institución para que la inscribiera en una ficha y le consiguiera un empleo.
“En Ecuador trabajaba en el departamento de marketing de una empresa de mensajería. Después maquillé los rostros de periodistas para un canal de televisión”, dice. Agrega que buscará trabajo “donde sea”. También va a Oscus de la Castellana, donde se corrió la voz que hay “chance” de conseguir algo.
A Teresa no le importa tener que pagarse la seguridad social (130 euros al mes, $ 167,7). Dice que prefiere gestionar sus papeles y no tener que depender de sus jefes. Lo que quiere es salir de la esclavitud que implica permanecer encerrada cuidando personas mayores. “Tengo que conseguir mi segundo contrato”.
En la calle Lope de Hoyos funciona la iglesia Sagrado Corazón de Jesús. El padre Aurelio Martínez le explica a Teresa que tiene que regresar mañana en la tarde.
Que a esas horas encontrará a las señoras voluntarias que atienden a los interesados. Teresa apunta los datos. Se despide y se marcha. Insiste. Golpea la puerta de otra iglesia de la zona. En la capilla de la iglesia Santa Matilde le dicen lo mismo: que regrese al siguiente día. Se despide. Debe apresurarse a cocinar a la señora que aún la mantiene con ella hasta que se mude a la residencia. Mañana es otro día. Le queda poco tiempo para conseguir su segundo contrato y completar las 30 horas semanales que demanda el reglamento.
PARA DOMÉSTICAS
¿QUIÉN PUEDEN SOLICITAR?
Quien labora en el ámbito del servicio doméstico, trabajando parcialmente y de manera simultánea para más de un titular de hogar familiar. Debe encontrarse en España y reunir determinados requisitos.
LA SOLICITUD
Puede presentar el propio trabajador extranjero.
¿DÓNDE SE PRESENTA?
En las oficinas de la Seguridad Social especialmente habilitadas para este proceso en cada provincia.
¿CUÁNDO SOLICITAR?
Dentro de los tres meses siguientes a la entrada en vigor del nuevo Reglamento de Extranjería, entre el 7 de febrero y el 7 de mayo de 2005.
AUTORIZACIÓN
Obtiene una autorización de residencia y trabajo por un año contado a partir de que se produzca la afiliación y/o el alta del trabajador en la Seguridad Social.
¿QUIÉN RESUELVE?
Las Oficinas y Unidades de Extranjería de las Delegaciones y Subdelegaciones del Gobierno.