Está en nosotros cambiar el destino, nuestro futuro, en busca de una patria próspera, de un país de oportunidades y excelencia para nuestros hijos.
Ese cambio, la revolución progresista, no está en las calles (aunque los procesos revolucionarios siempre se reflejan en la agitación social sobre el pavimento), empieza en nosotros mismos.
Si ni el Gobierno ni los medios contribuyen a mejorar la educación de los ecuatorianos, entonces debemos hacerlo nosotros mismos y colaborar entre nosotros para que más compatriotas se sumen a la revolución del conocimiento y de la libre expresión de las ideas (libre expresión del pueblo, no de unos cuántos “gurús” de la información y la política).
En este mundo global, el que más conocimiento acumule sobrevive, es tiempo de luchar por nuestra supervivencia y de extinguir ignorancias de payasos políticos y periodistas, para así lograr al fin ser lo que merecemos: grandes.
David Castro Arias
Guayaquil