En contra de la creencia que imperó durante todo el siglo XX y que sostiene que el Sistema Solar se formó en forma aislada en un rincón oscuro de una nube interestelar, el milenio ha nacido con una nueva teoría que retoma parte de las ideas catastróficas que se popularizaron durante el siglo XVI, de la mano de grandes científicos. Recientemente, un grupo de astrónomos de la Universidad Estatal de Arizona ha logrado comprobar química y matemáticamente que la creación fue el producto de un violento ambiente nebular, derivado de la reacción provocada por intensas radiaciones ultravioletas y potentes explosiones, iguales a las que suelen dar vida a las estrellas más masivas y luminosas.
La nueva teoría -publicada en la revista Science- está basada en recientes descubrimientos y observaciones astronómicas realizadas en las diversas misiones espaciales enviadas en estos años a los confines del Sistema Solar.
El análisis químico de restos de meteoritos ha sido una de las pruebas más esclarecedoras para avalar la nueva hipótesis.
Esta teoría se basó en el descubrimiento reciente de meteoritos con patrones de isótopos que tan solo pueden haber sido ocasionados por la degradación radioactiva del hierro-60, un isótopo inestable que tiene una vida media de apenas un millón y medio de años.
Según aseguran los astrónomos, muchos aspectos del Sistema Solar dan sentido al nuevo argumento, que podría explicar, por ejemplo, por qué la parte exterior del Sistema Solar -el llamado Cinturón de Kuiper- marca un límite tan abrupto. Los científicos se atreven a afirmar que la cantidad de material radiactivo inducido sobre el joven Sistema Solar por una supernova en los inicios de su formación, podría haber influenciado profundamente en la habitabilidad de la Tierra. Incluso, aventuran que la vida en la Tierra debe su existencia a una estrella masiva de ese tipo que provocó la formación del Sol.
Esta visión del nacimiento cósmico del Sistema Solar podría tener profundas implicaciones para entender no solo el porqué del tamaño y la forma del Sistema Solar, sino también la formación y el desarrollo de vida en la Tierra.
La nueva teoría tendrá mucho valor en la búsqueda de vida en otras partes del Universo, ya que es muy importante conocer el origen de los planetas para saber en qué medida se parecen a la Tierra, cuáles son sus condiciones y si es posible el desarrollo de alguna forma de vida o no.
Para más información, vea Hiperespacio con Sam Neil, mañana a las 8 p.m. en Discovery Channel.