Las profesiones más populares para los bachilleres guayaquileños son las que enseñan cómo hacer dinero. Irónicamente, están entre las más competitivas por la masiva cantidad de estudiantes y graduados, y los expertos las consideran “saturadas”.
En las ventanillas de la Facultad de Ciencias Administrativas de la Universidad de Guayaquil, filas de jóvenes esperaban inscribirse en el curso preuniversitario, el jueves de la semana pasada.
Geovanni Ramos, de 19 años, es uno de ellos. Se graduó del colegio hace un año, pero se dedicó a laborar para ayudar a su padre desempleado. Geovanni es mensajero y hará un esfuerzo para combinar trabajo y estudios. Dice que graduarse de administrador será la única forma de aspirar a un mejor empleo.
Quizá él, al igual que los 5.700 inscritos en el preuniversitario de esta facultad este año (unos 1.600 más que en el 2004), ignoren que la búsqueda de trabajo será más competitiva que en cualquier otra profesión.
La Facultad de Ciencias Administrativas, con 12.000 estudiantes, es la más numerosa de la universidad estatal.
“En el país hay más administradores de empresas que empresas”, resume Patricio Vargas, director de Innovación Tecnológica y Competitividad del Consejo Nacional de Educación Superior (Conesup).
“Las carreras que más alumnos tienen no son las que más necesita el país”, manifiesta Vargas. Según él, hay un divorcio entre la oferta académica universitaria y la demanda del sector productivo.
Desde noviembre del 2004, Vargas trabaja en un proyecto del Conesup y el Consejo Nacional de Competitividad para lograr que las universidades se orienten a las necesidades del mercado.
La economista Yolanda Carbonell, gerenta de este proyecto, indica que se creó previendo el ingreso del Ecuador a zonas de libre comercio.
Prácticas
Carbonell y Vargas se han reunido ya con varias universidades, y una de las conclusiones previas es que las ciencias administrativas, políticas y humanísticas, como Filosofía y Letras –la segunda carrera más popular en el país–, y Leyes, están sobrepobladas.
“Las universidades están creando profesionales que saldrán a buscar un empleo en la burocracia o a luchar por un sueldo mínimo. Las consecuencias son el desempleo, la pérdida de recursos invertidos en la educación y que el Ecuador no sea un país competitivo”, expresa Carbonell.
La asistencia masiva a escuelas de negocios no se da solo en Guayaquil, es un fenómeno nacional. En el 2002, según datos del Consejo Nacional de Educación Superior, más de 100.000 alumnos estudiaban administración de empresas, esto es el 30,24% de toda la población universitaria.
Cada año, la Universidad de Guayaquil gradúa a unos 700 ingenieros comerciales, en gestión empresarial, comercio exterior, mercadeo y otros.
Pero el ingeniero Carlos San Andrés, decano de Ciencias Admninistrativas, no cree que la carrera esté saturada.
“Es que pese a la recesión económica hay una gran expansión comercial en Guayaquil. Esto demanda que los egresados sean más creativos, que empiecen nuevos negocios, que creen fuentes de trabajo”, indica.
Carbonell señala que la solución, lejos de cerrar las facultades de negocios, es que incorporen horas de práctica al pénsum, para que los estudiantes se formen según la demanda de los empleadores, “y se queden ahí trabajando”.
Este método experimental ya es aplicado por la Universidad Tecnológica Empresarial de Guayaquil (UTEG), donde las carreras se estudian “el 40% en el aula y el 60% en empresas”, dice el vicerrector Galo Cabanilla.
La UTEG (antes Intesco) nació con el auspicio de la Cámara de Comercio de Guayaquil y tiene una estrecha vinculación con el sector comercial.
Alternativas
Pero los expertos sugieren que para los nuevos bachilleres quizá sea tiempo de explorar nuevas alternativas.
“Las carreras intermedias y técnicas en este país tienen que ganar prestigio. Hay oportunidades en áreas como electrónica, conectividad y varias ramas de tecnología industrial”, señala Carbonell.
El educador Abelardo García es partidario de esta idea. “¿Por qué pensar solo en el gran médico si se puede ser un gran tecnólogo en un aspecto de la medicina?, y así podría ser en otras áreas”, explica García.
La agroindustria, por ejemplo, es una carrera necesaria para que el país compita en la exportación de alimentos procesados, dice el Ing. César Pacheco, decano de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Guayaquil, que cuenta con 300 alumnos.
Mientras tanto, las facultades tradicionales son las más concurridas y los estudiantes defienden la vocación como principal razón para elegir carrera, según una encuesta de Datanálisis a 250 nuevos bachilleres. Como causa secundaria los entrevistados dijeron “porque da dinero y hay plazas de trabajo”.
Si tendrá o no oportunidades laborales al graduarse no le importa por ahora a Rosa Sánchez, de 18 años, estudiante de Jurisprudencia. “Eso depende del profesionalismo de cada uno”, indica.
“Es mi vocación”, dice Denise Verdesoto, de 17 años, quien sigue Contaduría Pública, “creo que cada quien, según como aproveche los estudios, tiene capacidad para luego encontrar trabajo”, asegura.
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