Domingo 23 de enero del 2005 Crónica de TV

Cómo vender un tsunami que no existe

Esta semana hubo temblores frente a las costas de Esmeraldas y Manabí, o sea que Freddy Ehlers puede seguir con lo suyo. Hace unos días, el crítico de televisión de diario El Comercio, César Ricaurte, se preguntaba si la gente de ‘La TV’ no estará cruzando los dedos para que se produzca un tsunami en nuestro país. Bueno, tanto como cruzar los dedos, no creo; pero sí que les cayó de perlas esta actividad sísmica submarina que parece confirmar sus peores augurios.

Lo que hizo ‘La TV’ fue ponerle fecha –y una inminente– al conocido axioma “la pregunta no es si sucederá, sino cuándo”. El domingo 2 de enero sembró la alarma, el 9 la confirmó y el 16 la justificó. Recibió una andanada de críticas y no asumió ninguna. Ante las voces inconformes que lo acusaban de sembrar falsas alarmas con versiones sensacionalistas, Freddy Ehlers se limitó a ponerse solemne y proclamar que su única intención es prevenir. La coartada de la prevención funciona a las mil maravillas y justifica la obcecada conducta del programa. Lo demás es recurrir a confusos desmentidos y aclaraciones del tipo “no hemos dicho tal cosa sino tal otra”.

No hay razón para entrar en pánico, viene a decirnos finalmente ‘La TV’: las probabilidades de que la costa norte del país sea arrasada por un tsunami en los próximos cinco años son de nueve a uno, es cierto, pero eso no significa que la gente no pueda vivir ahí o ir de vacaciones a la playa. Me recuerda a George Bush, inmediatamente después del 11 de septiembre, decretando la alerta máxima en toda la nación mientras decía a los estadounidenses: vayan a Disney, asistan a los estadios, vivan normalmente.

El problema de ‘La TV’ es uno de fondo. Supongamos que, efectivamente, sus intenciones en esta historia fueran desde el principio inmejorables. Supongamos, también, que todo lo dicho en esos tres programas sea rigurosamente científico.
¿Bastaría eso para absolver a sus productores? No, porque en el campo de los mensajes televisivos –y es sorprendente que un programa con ese nombre no lo sepa– lo que cuenta no son las intenciones ni la literalidad de las palabras, sino sus efectos.

El hecho concreto es que los habitantes de varios pueblos de la costa norte ecuatoriana (en especial Jama, señalado como el presunto epicentro de la tragedia) entraron en un pánico que no conduce a nada. Y ese pánico lo causó ‘La TV’, por buenas que fueran sus intenciones.

En esto no hay dónde perderse. Basta con ver el titular del programa del domingo 16: “desde la costa norte ecuatoriana, un informe especial sobre el tsunami”. ¡El tsunami! ¿Qué tsunami? El que se va a producir en cualquier momento (la pregunta no es si sucederá, sino cuándo), quizás mañana. ¿Qué clase de titular es este? Imaginemos un periodista que viaja a Italia para hacer un reportaje sobre la salud de Juan Pablo II y, como lo encuentra viejo y enfermo, concluye que sus posibilidades de morir en los próximos cinco años son de nueve a uno. En consecuencia, escribe “desde El Vaticano, un informe especial sobre la muerte del Papa”. Nótese que la muerte de Juan Pablo II en los próximos cinco años es más fácil de predecir que un tsunami durante el mismo lapso. Aun así es una ridiculez, ¿o no?

No importa que después vengan todas las aclaraciones científicas del caso. Cuando se habla de “el tsunami” de la costa norte ecuatoriana como si ya estuviera entre nosotros, se está produciendo un golpe de efecto difícil de revertir.
En televisión, decía, no cuenta la literalidad de los mensajes, sino los estímulos que contienen. Y los de ‘La TV’ en estas últimas tres semanas han sido de aquellos que producen pánico. Tratar de justificarlo todo con un “no dijimos esto sino aquello” es no entender lo que significa hacer televisión. Los mensajes televisivos “hacen cosas”, dice Pierre Bourdieu, “crean fantasmagorías, temores, fobias o, sencillamente, representaciones equivocadas”. Constantemente, la televisión pasa, de simple transmisora de noticias, a protagonista de la información. Asumir esa responsabilidad es el primer paso para hacer una televisión responsable.

El domingo pasado, vimos los patéticos intentos de ‘La TV’ por demostrarnos que en Jama todo está tan normal como de costumbre. Hasta pudo convencernos, de no ser porque Rodolfo Asar, de ‘Día a día’ (seguramente acicateado por la competencia, pero eso no lo desmerece) viajó también a ese pueblo manabita y recogió los testimonios de sus pobladores, incluidos varios niños. “La gente está muy nerviosa”, “toda la población está alarmada”, “va a haber un terremoto aquí”, decían. Pero ¿de dónde sacaron eso? “Salió en televisión”, “en la tele”, “en las noticias”...

Fue como si ‘La TV’ y ‘Día a día’ visitaran pueblos diferentes. ¿Por qué creer en la versión de ‘Día a día’ y no en la otra? Por una razón muy simple: el reportaje de Asar es el único que considera el protagonismo de la tele en esta historia. ‘La TV’, en cambio, visita Jama para averiguar lo que sienten sus pobladores sobre su propia situación de riesgo, pero se coloca a sí misma al margen de toda reportería. Sin embargo, lo que los pobladores de Jama sienten ahora mismo sobre su situación de riesgo, no lo sentirían de no ser porque vieron ‘La TV’. De modo que Freddy Ehlers, si quiere comprender lo que está pasando en Jama, debería centrar su atención en sus propios mensajes. Antes del 2 de enero, día de su primer reportaje, ninguna niña de ese pueblo habría dicho “va a haber un terremoto aquí”.

‘De eso mismo se trata’, argumentarían aquellos que defienden la coartada de la prevención. En palabras de Ehlers: “lo importante es que se preocupe y tenga alerta la gente”. He aquí la principal falacia de esta telenovela. Antes del 2 de enero, los habitantes de nuestros pueblos costeros ya eran conscientes de los peligros que implica vivir frente al mar en una zona de alta actividad sísmica. Lo del cinturón de fuego del Pacífico lo sabíamos todos. Los reportajes de ‘La TV’ hacen un revoltijo con un puñado de lugares comunes (informe Nishenko incluido) y nos lo presentan como si fuera una novedad. Pero no aportan datos nuevos, ni sugieren medida preventiva alguna, ni instruyen a la gente sobre lo que se debe hacer en caso de tsunami, ni nada. Simplemente asustan. Alguien debería disculparse por esto.

raguilarandrade@yahoo.com

 

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