El presidente George W. Bush prometió una reforma de la política migratoria estadounidense en su segundo mandato, pero su éxito dependerá del capital político que esté dispuesto a invertir para convencer a su propio partido y a sus compatriotas de apoyarla, dijeron analistas.
Hace un año exactamente, mientras los demócratas buscaban a un rival para derrotarlo, Bush prometió reformar la política migratoria de su país mediante la creación de un estatuto temporal y legal para indocumentados que quieran cumplir las tareas que rechacen los estadounidenses.
Doce meses después, el reelecto presidente, que logró un amplio apoyo de la comunidad hispana en las urnas, se comprometió a tratar de convencer al Congreso de cambiar un sistema que “no funciona”.
“Tenemos un problema en Estados Unidos cuando hay aquí mismo ocho millones de trabajadores indocumentados”, afirmó.
Para lograr el mayor apoyo posible, Bush aseguró que la reforma mejorará la seguridad y permitirá a los aduaneros dedicarse exclusivamente a “la búsqueda de ladrones, delincuentes, narcotraficantes y terroristas”.
La reforma migratoria prometida por Bush para su segundo mandato no constituye una prioridad para los estadounidenses, cuya mayoría pronostica que no se lograrán avances en esa área en los próximos cuatro años, según un sondeo.
En la encuesta publicada por el Washington Post, los norteamericanos consideran una prioridad para Bush y el Congreso la situación en Iraq (61%), la lucha antiterrorista (52%), la educación (44%), la economía (43%) y la salud pública (35%). Los problemas migratorios (20%) figuran en octava posición.