Miércoles 19 de enero del 2005 Cartas al Director

Marcha ciudadana I

El pueblo tiene poder en la opinión y el voto, y tiene una “arma homicida”: la manifestación; esta desarma al autócrata y causa su rendición.

El poder metamórfico del masivo pronunciamiento convierte el poder del mojigato dictador en vidrio, y este ahí recién descubre que es frágil humano y servidor tardío del pueblo.

¡Pacificadores, no hay tiranos que vencer no podamos, y aunque abajo estamos, arriba llegamos!

En el Gobierno nos quieren mudos, pues saben que la voz del ciudadano es la hoz que sega a tiranos. Todos sus mecanismos apuntan a silenciar, bloquear marchas, y anuncian contramarchas obligadas y hasta pagadas desde Carondelet, el Ministerio de Bienestar Social, o Panamá. Ponen al pueblo contra el pueblo.

¡No construyen, solo destruyen!

A unos, inmersos en dictadura y con sus caras duras, les halaga lo que en democracia duele y caro se paga: el silencio.

Mónica Y. Navarrete Moreira
Guayaquil

No seamos parte del caos político que se vive actualmente en Ecuador, no prestemos nuestra integridad física a manifestaciones callejeras impulsadas por grupos económicos y políticos, que actúan cual si fuesen generales en esta guerra estéril motivada por retaliaciones políticas.

¿Se acuerdan cuando policías metropolitanos dispersaron y  reprimieron el año pasado, y recientemente ahora, a comerciantes informales en el centro de la ciudad, en una marcha donde niños, mujeres y ancianos fueron agredidos por reclamar su derecho universal a trabajar?

Ahora cambiaron el nombre a “pueblo que clama por seguridad ciudadana”. Como ellos son los generales y nosotros la tropa, deberemos poner el pecho a las balas y cívicamente soportar el gas lacrimógeno que lance la Policía Nacional, porque sus motivos son supuestamente justos.

Pero nosotros tenemos memoria y sabemos reflexionar. No marchemos para cumplir una amenaza o satisfacer caprichos; mejor trabajemos con mayor ahínco y encaminemos a nuestro Ecuador a un futuro esperanzador. No seamos masa, seamos pueblo, ya que solo el pueblo salva al pueblo.

Lcdo. Raúl M. Peñafiel Tixe
Guayaquil

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