Confío plenamente en la seguridad privada porque colabora en la vigilancia de empresas, industrias, edificios, locales comerciales, colegios, prestando ayuda a la Policía Nacional en su duro trabajo en la seguridad ciudadana.
Pero, una cosa es cuidar una instalación donde se receptan documentos o credenciales, o se anuncia la llegada de alguien, o se cierra o se abre una puerta donde los riesgos (al estar en un espacio cubierto y al hacerlo adecuadamente) son mínimos, y otro distinto es estar patrullando las calles donde los asaltos, robos, atentados perpetrados por delincuentes armados y audaces sin apego a la ley, son un peligro constante.
El fin de semana un menor de edad intentó asaltar a dos agentes y un vehículo policial ingresó a su comando con impactos de bala en los parabrisas. La seguridad en las calles no es un juego. Recordemos los excelentes trabajos que este año Unidades Especiales de la Policía Judicial, Unase, Antinarcóticos realizaron al recuperar bienes y desarticular bandas organizadas, y los gendarmes muertos en acción. Esto habla bien de la institución y el precio que debemos pagar para cumplir nuestro trabajo.
Alguien dijo que la Policía necesitaba un “sacudón”, ¡qué pena! El sacudón fue para los estudiantes, trabajadores, empresarios. Las compañías de seguridad conocen el peligro y no van a correr riesgos, se limitarán sencillamente a dar aviso a la Policía que realizará el trabajo duro. Entiendo perfectamente la posición del Municipio en su afán de mejorar la seguridad ciudadana. Debe haber un nuevo acercamiento de la Policía, empresa privada y la comunidad; superar las diferencias, los errores propios de las instituciones y los seres humanos, y poner nuevamente en las calles una policía profesional, técnica y moderna, que pueda garantizar la paz, el orden, la libertad y la seguridad ciudadana.
Tnte. de Policía (GIR)
Enrique Villamar
Guayaquil
Hemos escuchado el discutir de las autoridades sobre lo que está y no está permitido por la ley. Debemos recordar que en los primeros capítulos de la Constitución se habla de la seguridad de las personas.
¿Buscar contras al bienestar de Guayaquil? Solo en este país se dan casos de Ripley en seguridad ciudadana.
Hace varios días solicité la presencia de algún miembro policial en un sector céntrico.
Esperé como media hora para que me atendieran, y cuando lo hicieron e informé la dirección (avenida Machala y Quisquís) me contestaron: “Señor, ¿qué queda por ese sector o por dónde quedan esas calles?”. Les indiqué por qué me preguntaban eso, si acaso no conocían la ciudad. “Es que nosotros no somos de aquí”, respondieron.
¿Cómo podemos tener policías en esta ciudad o en provincias de la Costa, donde ellos no conocen ni dónde están? En un asesinato, violación... llegarán tarde como siempre o estarán en el lugar como adivinos, como se dio en algún caso. No quito importancia a los actos de valor realizados por la Policía Nacional, hay miembros muy valiosos que por burocracia o influencias políticas no ascienden a puestos jerárquicos, teniendo una caja de cesantía extraordinaria, ni les dan uniformes para toda la semana, sino dos, ni camas cómodas.
Se debe crear –como hicimos los guayaquileños donando parte de nuestro pago del Impuesto a la Renta para la construcción del Malecón 2000– la policía distrital de Guayaquil o policía provincial, siempre que sea de y para Guayas, como hay en otros países como Estados Unidos, en que cada condado tiene su policía que mantiene su comunidad. Basta de burocracia, de ciertos tratos cuando exigimos devolución de un vehículo robado y recuperado, o ayuda y no la tenemos inmediata; o se quitan a los carros recuperados las piezas para sus carros, o por pedidos.
Jaime Palacios Grijalva
Guayaquil
Mucho se habla de la seguridad ciudadana, los argumentos son válidos en tanto estos no conlleven intereses políticos ni económicos.
Que la seguridad es deficiente cada día si la Policía no crece acorde a las necesidades de la población, es cierto, pero también es verdad que la ciudadanía debe colaborar en ese accionar porque de nada vale el aumento de policías, si estos no tienen el respaldo y colaboración ciudadanos.
Desde la Gobernación se debe implementar un programa que brinde a los ciudadanos que deseen colaborar en la lucha antidelictiva, un respaldo consistente en la reserva y confidencialidad de la información proporcionada, y protección personal. Eso lograría un efecto multiplicador y ahorraría a la Policía el tiempo que trate en las labores de inteligencia, pues son los mismos ciudadanos con sentido patriótico, que delatan a los “parásitos” de la sociedad.
Félix Coronel Moreno
Guayaquil
Hablando de seguridad, una mujer quiso comprar a mi hija el miércoles 22 de diciembre pasado, entre las 17h00 y 18h00 en el Malecón 2000 de la ciudad. Sucedió así:
Mi hija y su niñera se quedaron por media hora solas en los juegos ubicados junto al lago artificial, a la altura de la calle Sucre. Una mujer de aspecto extranjero, rubia, con pelo ondulado, delgada, con más de 1,70 de estatura –según descripción de la niñera– se le acercó amigablemente y se puso a conversar con ella sobre la niña. Cuando habían entrado en confianza, le preguntó en cuánto se la vendía. La niñera cogió a mi hija y se la llevó. Al cabo de un rato la mujer, que no sabemos si estaba sola, desapareció.
Hago público este caso para que los padres y autoridades estén alertas, y solicito que se destine permanentemente un guardia en el sector de los juegos infantiles, pues en ese entonces no había ninguno.
Carlos Andrade Pallares
Guayaquil
Guayaquil es una hermosa ciudad, digna de ser amada, respetada y cuidada por todos, llámense guayaquileños los que hemos tenido el privilegio de nacer en ella, como todos los que echaron raíces beneficiándose de su amparo y generosidad.
Por esto nos duele cuando se atenta contra ella. El avance delictivo es el principal azote que nos entristece y perjudica, obligándonos a vivir temerosos, encerrados. Los guayaquileños nos rebelamos y queremos contribuir de cualquier manera para eliminar esta lacra, por lo que aplaudimos cuando se aporta una ayuda para controlar el mal, venga de donde venga. Si bajas pasiones se anteponen al amor por la ciudad, ¡qué pena!, no hay disculpa que tenga validez por no querer dejarse ayudar. Lo increíble es que el odio se anteponga al amor por Guayaquil. Las estadísticas policiales demuestran lo que pasó desde que se quitó la ayuda. Los resultados están a la vista. Por favor, amemos a Guayaquil, sobre todo, seamos dignos hijos de ella.
Xavier Vallejo Iturralde
Guayaquil
Eso de los guardias privados es muy conocido de las compañías de seguridad que, contratando y cobrando valores millonarios pagan sueldos de miseria a un personal que no se encuentra preparado y que está de pie doce horas continuas, atentando contra su salud y recomendaciones médicas de no exponer por tanto tiempo de pie a una persona.
Es gente que se somete solo por conseguir un trabajo (estando consciente de que nada sabe al respecto) pues con facilidad se lo dan, cuando por la mañana va por el aviso pidiendo trabajadores; con solo mostrar la libreta militar, en la tarde ya está uniformada y armada custodiando una empresa.
Si los empresarios privados entregaran a la Policía Nacional esas millonarias cifras que pagan al mes a compañías privadas, la institución pública incrementaría su personal dándoles un buen sueldo (porque no tienen fines de lucro) para que diariamente les proporcione personal en el número que requieran, preparado y autorizado legalmente a intervenir en toda acción que se ubique afuera de las empresas, no adentro como recibidores de papeles como tienen a los privados. Se conseguiría, a más del resguardo, presencia policial que hace falta y no se ve en la ciudad.
Verónica Jaramillo Vega
Guayaquil
Algunos vemos con agrado el patrullaje de empresas de seguridad privada en la urbe, y está mal que evalúen los resultados tan rápido, se debe esperar un tiempo prudencial.
Comparemos entre el servicio público y el privado: en el privado hay más costeños vigilando; tienen motos veloces y chalecos antibalas; sus uniformes y armas infunden autoridad; no los explotarán con doce horas diarias de labores; si no tienen seguro serán atendidos en el Hospital de la Policía, y si fallecen, indemnizarán a sus familias. En cambio, el pobre policía nacional, aunque tiene seguro y hospital, es mal comido y dormido, débil; llega a la urbe y no conoce nada ni a nadie, porta un arma igual a las pistolas de agua.
¡Qué lástima que se vayan los guardias privados!
Los guayaquileños debemos decidir localmente lo que nos conviene. Que se haga una consulta popular en una papeleta adjunta a los recibos de impuestos prediales para preguntar: ¿Queremos los guayaquileños que la seguridad privada refuerce el trabajo de la Policía Nacional en nuestras calles. Sí o no?
Mayra Camposano
Guayaquil