Mi barriada, casi todos jubilados, pedimos tranquilidad.
Un templo en la calles Gómez Rendón, con su música y gritos estentóreos de sus oradores nos está matando, ya que sus enormes equipos de sonido no nos dejan dormir por estar dirigidos hacia nuestras casas.
Esos fieles, más los vendedores ambulantes de bebidas y comidas, rateros; como los desperdicios, y los carros que usan en su movilización, interrumpen el acceso a nuestras moradas. Se denuncia a comisarías e intendencias sin éxito. Este irrespeto a nuestro barrio debe terminar; nos tienen al hilo de la locura.
Fernando Renella Coll
Guayaquil
La tranquilidad de muchos barrios, en el caso específico de La Atarazana, viene sufriendo los embates del ruido ensordecedor y agresivo de vendedores ambulantes motorizados.
Con megáfonos a todo volumen causan serios problemas de salud a los moradores. No estoy en contra de que se ganen la vida vendiendo productos, pero no por eso que lo hagan con altavoces. ¿Alguna autoridad puede regular esta anomalía que afecta más a enfermos y ancianos?
Jorge Almeida Ochoa
Guayaquil
Nunca he podido comprender el placer un poco raro de hacer escándalo al lanzar camaretas.
A las camaretas se les ha intensificado su potencia, de tal forma que se emplea una cantidad de pólvora capaz de “volar” en pedazos a un ser humano en caso de que el artefacto le explotara en las manos. Es lógico que en ciertas festividades y por fin de año que se deseen efectuar juegos pirotécnicos, se den permisos a los que auspician luces de bengala que sí es placer verlas y son producidas en el exterior. ¿Por qué no tecnificar a nuestra gente para que aprendan a conformarlas?, y prohibir de una vez ese juego primitivo?
Ing. Felipe De la Cuadra M.
Guayaquil
Despedir el año con camaretas, tacos de dinamita, quemar toneladas de explosivos que se esparcen en la atmósfera, dañan el ecosistema.
Esta costumbre genera enfermedades en los sistemas auditivo y respiratorio; y nervios.
Adriana Triviño Moreira
Guayaquil
En la calle Guayacanes de Urdesa Central, es imposible conciliar el sueño en forma debida, ya que de lunes a lunes, desde las 19h00 hasta las 07h00, ciertos negocios de comidas encienden música en a la máxima potencia de volumen de sus equipos.
Ahí se reúne gente que grita en plena calle, y la mayoría de veces hay escándalos y hasta balaceras callejeras sin que la Policía acuda, pues dice que primero hay que poner una denuncia. Nos tienen con los nervios destrozados, sobre todo a los de mayor edad y niños. Nunca ronda por ahí, un patrullero para que ponga orden y paz.
René Ramos
Guayaquil