Sábado 15 de enero del 2005 Discovery

Espina bífida

La detección y tratamiento de este mal congénito durante el embarazo es la manera más eficaz de evitar casos graves. Las intervenciones quirúrgicas post y prenatales también son muy recomendadas. Cómo conseguir mejoras notables en la calidad y cantidad de vida de los afectados.

El National Dissemination Center for Children with Disabilities (Nichcy) de los Estados Unidos subvenciona permanentemente investigaciones para avanzar en el conocimiento, tratamiento y posible cura de un mal que, estadísticamente, padece uno de cada mil recién nacidos: la espina bífida. Se trata de una malformación congénita que puede y debe ser detectada durante el embarazo para prevenir que la enfermedad se manifieste con mayor gravedad. Los últimos estudios advierten que los partos por cesárea planificados, padres informados y cirugías antes del año de vida mejoran los síntomas. Sin embargo, ya se están realizando en forma experimental intervenciones quirúrgicas prenatales con excelentes resultados.

Espina bífida quiere decir una partición en la espina, es decir, que la columna vertebral no se ha cerrado completamente. La lesión puede ser del tipo "oculta", lo que significa que hay una apertura en una o más de las vértebras (huesos) sin ningún daño aparente a la médula espinal; meningocele, que es cuando los meninges -cobertura protectiva que rodea la médula espinal- se han salido a través de una apertura en las vértebras en un saco llamado meningocele; y, por último, la más grave y frecuente, myelomeningocele, en la cual una porción de la médula espinal sobresale a través de la espalda.

La incidencia de la espina bífida en todas sus variantes es alta, ya que se estima que el 40 por ciento de la población puede tener espina bífida oculta, aunque muy pocas de estas personas lo llegan a saber porque no se les manifiestan síntomas.

En cuanto a la meningocele y myelomeningocele, ocurren en aproximadamente uno de cada 1.000 niños, de los cuales el 4 por ciento tiene meningocele y el 96 por ciento, myelomeningocele. Estos últimos casos se manifiestan con síntomas claros: debilidad muscular, parálisis bajo el área donde ocurre la hendidura, falta de sensación bajo la hendidura, incontinencia, peligro de acumulación anormal de líquidos en el cuerpo y en el cerebro, por lo que la consecuencia más grave puede ser la hidrocefalia. Entre un 70 y un 90 por ciento de los niños que nacen con myelomeningocele tienen hidrocefalia, enfermedad que puede causar daño cerebral irreversible, ceguera y hasta la muerte pero que también puede ser controlada mediante una intervención quirúrgica llamada procedimiento de derivación (shunt), durante el cual se introduce una punta de un tubo flexible en un ventrículo cerebral, sacando el tubo por una pequeña apertura en el cráneo. A menudo, la espina bífida puede detectarse antes del nacimiento realizando dos o más pruebas.
Actualmente, la mayoría de las mujeres embarazadas se someten a un análisis de sangre llamado
"prueba de alfafetoproteína sérica materna", mediante la cual se detecta un riesgo superior a la media de espina bífida y otros defectos del tubo neural, además de otros defectos de nacimiento, como el síndrome de Down. Si se registra un alto grado de riesgo de tener esta malformación, la mujer debe realizarse otras pruebas más precisas: el ultrasonido de la columna del feto y la amniocentesis para medir los niveles de alfafetoproteína en el fluido amniótico.

Cuando estos análisis dan positivo y se sabe que el niño por nacer tendrá espina bífida, entonces los médicos pueden proporcionar a los padres información y apoyo, y planificar el parto en un centro médico especialmente equipado para que el bebé pueda ser sometido a una cirugía o tratamiento, en caso de ser necesario poco después del nacimiento.

Desde 1991, en estos casos, se recomienda el parto por cesárea, ya que el investigador David B. Shurtleff, junto a su equipo de la Universidad de Washington, Seattle, comprobó que esta forma de alumbramiento reduce la severidad de la parálisis en los bebés afectados. Por otra parte, muchos fetos a los cuales se les ha diagnosticado espina bífida ya han sido sometidos a cirugías experimentales prenatales durante las cuales se les repara la lesión antes del nacimiento. El riesgo siempre es el parto prematuro y la posibilidad de que los niños sufran parálisis en sus extremidades inferiores.

Otro estudio del Hospital de Niños de Filadelfia sugiere que el traumatismo químico y físico al tejido nervioso espinal expuesto en el vientre materno contribuye a la parálisis después del nacimiento, y que su reparación temprana puede ayudar a prevenir la parálisis y otras complicaciones.

Esta metodología no está muy extendida debido a su complejidad y apenas se realiza en algunos hospitales de los Estados Unidos.

Sin embargo, los resultados preliminares parecen prometedores porque la mayoría de los niños tratados antes de nacer no han necesitado válvulas para drenar el fluido de sus cerebros y hasta el momento se desenvuelven con mayor facilidad que el resto de los afectados.

Discovery

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.