Es inaudito ver contradicciones por la vigilancia y control del orden en la provincia del Guayas, por motivos políticos. Mientras tanto, la delincuencia devora a la ciudadanía con sus múltiples formas de facilismo al obtener dinero.
Yo utilizo a diario varios transportes públicos. Comento algunos modus operandi de los nefastos seres: en los buses “selectivos” casi llenos se suben los ladrones, hay asientos disponibles pero tardan en sentarse, es que están escogiendo a sus víctimas. Con el grito de: “No pasa nada, no se asusten; el asunto es con este”, agarran a un pasajero, lo ultrajan y le roban todo.
En otros casos, en transportes interprovinciales, ya afuera de la terminal terrestre, el chofer lleva la puerta abierta y maneja con lentitud cogiendo gente; no le importa quién suba y haga de las suyas. Los ladrones con su “título” de carameleros venden chicles a 50 centavos y amenazan, por lo que todos los pasajeros deben comprarles, pues les muestran sus cuchillos y revólveres.
Otro ejemplo, en las zonas céntricas de la ciudad, unas busetas ruedan con las puertas cerradas; se sube un ratero simulando ser pasajero y a lo que el chofer intenta cerrar la puerta el ladrón se queda ahí bloqueándola. De repente se suben dos compinches amenazando a los pasajeros que si no se les compra dulces, con sobreprecio como siempre, les robarán. No dan el vuelto, se burlan de los viajeros, a las mujeres les dicen barbaridades y al salir arranchan a algunos los celulares, relojes..., aduciendo que es porque no les compraron.
Con todo esto, la ciudadanía necesita que se unan todos, para atacar a estas lacras sociales.
Dr. Fernando Flores
Guayaquil
No se puede ignorar que los intereses colectivos estén por encima de los intereses personales, aun cuando estos segundos fuesen nobles y legítimos.
No importa cuál sea el motivo de resentimientos, nadie pide tampoco que los cambien, lo que sí se torna imperioso es solicitar que los problemas personales se los resuelva como lo que son: personales.
Urge una tregua, sepultar temporalmente todo resentimiento, y de ser necesario aunar esfuerzos, y el milagro de la reconciliación entre ecuatorianos para volver a ser ciudadanos comunes y beneficiarnos de la seguridad.
Aprovechemos esta linda oportunidad para dejar una huella de conciliación, de paz, rectificación. Que la historia recordará a la gente de conciliación nacional, de la sabiduría, de la rectificación oportuna y no a la de la soberbia. Cuánto bien se haría al país con buenos ejemplos.
No se disparen balas, pues a quien le están llegando es a Guayaquil, que no tenemos seguridad.
Nelio Aguilar Camacho
Guayaquil