El infatigable papa Juan Pablo II propuso en su mensaje de paz de este año un objetivo y una motivación para la paz, que toma de la carta de Pablo a los cristianos de Roma: “No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence el mal con el bien”. Se puede pensar que la escalada de violencia, actualmente agudizada, motivó al Papa a escoger esta enseñanza de Pablo para iluminar el camino a la paz. En Tierra Santa como en Iraq es evidente que el recurso a la violencia ha agravado males existentes. “En vez de vencer al mal, la violencia está venciendo y consolidando el mal”. La paz es un bien que se promueve con el bien, “sin devolver a nadie mal por mal”.
El mal pasa por la libertad humana y es en definitiva rehuir las exigencias del amor.
Parecería que el Papa escribiese a los ecuatorianos, para señalarnos una causa de los múltiples males sociales y políticos: “Desde el desorden social a la anarquía y a la guerra, desde la injusticia a la violencia y a la supresión del otro”; pues, señala como una raíz del mal que padecemos el haber dejado de lado en la educación la ética y su fundamento, “el patrimonio común de valores morales recibidos como don de Dios”.
En Ecuador abre más heridas la prescindencia de la naturaleza social, pues se educa para hacer y no para ser “con” y “para” los otros. El que la educación busque formar técnicos, sin horizonte de humanismo integral y solidario, es una gran causa de nuestro descuido en producir y de nuestra resistencia a compartir los productos.
Está bien que nos preocupemos de la interdependencia cada vez más universal, que exige tener en cuenta las necesidades y aspiraciones legítimas de los demás grupos y naciones; pero no se puede esperar una sólida interdependencia universal, si en el interior del país la educación nos guía al predominio del mentiroso y del solamente fuerte.
Ya que el bien de la paz está unido estrechamente al desarrollo de todos los pueblos, el Papa pide que se tengan en cuenta las implicaciones éticas del uso de los bienes de la tierra. El conocimiento científico y del progreso tecnológico produce nuevos bienes que son patrimonio de la humanidad y deben ser puestos al servicio de las necesidades primarias del hombre. Son igualmente bienes, de los cuales todos somos dueños responsables, “la lucha contra la pobreza, la búsqueda de la paz y la seguridad, la preocupación por los cambios climáticos, el control de la difusión de las enfermedades, el drama de la pobreza estrechamente unido al problema de la deuda externa de los países pobres”.
El Papa sugiere respetar los acuerdos tomados a favor de los países pobres, impulsar la ayuda pública para el desarrollo, nuevas formas de financiación para el desarrollo, una buena administración de los recursos.
Nadie “de buena voluntad puede eximirse del esfuerzo en la lucha para vencer el mal con el bien”.