Con sus 343 metros, es el viaducto más alto del mundo. Esta obra monumental de 2.460 metros de largo, permite unir Europa del norte con España sin los clásicos atascos de automóviles.
“Una obra del hombre debe fusionarse con la naturaleza”. “Los pilares tenían que parecer casi orgánicos, como si hubiesen crecido de la tierra”. “La construcción tenía que ser tan delicada como una mariposa”. Frases. Conceptos que brotaron de los labios del prestigioso arquitecto británico Norman Foster para definir una obra monumental, su obra: el puente de Millau, un viaducto cuya estructura se eleva 343 metros sobre el río Tarn, entre las planicies de Rouge y Larzac, al sur de Francia. Todo lo que Foster quería lograr, lo consiguió. Se fusiona con la naturaleza, los pilares parecen crecer de la tierra y la parte más alta es tan delicada como el aleteo de una mariposa. Esta belleza de la arquitectura moderna se eleva 23 metros más que la torre Eiffel de París, quizás el símbolo más acabado de ese país.
Desde mediados de diciembre de 2004, los automovilistas pueden cruzar sus 2.460 metros de cemento y acero por el precio de 5,60 euros y evitar así el atasco de Millau, el más temido entre España y Europa del norte, sobre todo en los meses de verano en los que se produce mucho intercambio de automóviles entre una zona y la otra.
Como el Concorde y el Eurotúnel, que cruza el Canal de la Mancha, el puente es fruto de la cooperación franco-británica, dos países que unieron sus esfuerzos en pos de mejorar la calidad de vida de sus habitantes.
El viaducto, además de acabar con los atascos en la región, se convertirá en cita de los amantes del turismo industrial. Desde 2002, cuando parte de las obras se abrieron al público, unas 60.000 personas pagaron la tarifa correspondiente por echar un vistazo y otros 500.000 curiosos se acercaron hasta el lugar.
Su reciente inauguración fue una verdadera fiesta a la que acudieron más de 1.000 invitados y los cerca de 800 obreros y técnicos que participaron en la construcción. La ceremonia fue presidida por el propio Jacques Chirac, mandatario francés, quien descubrió una placa conmemorativa.
Puntiagudo, fino y elegante, el viaducto, que pesa 290.000 toneladas apoyadas sobre siete enormes pilares, es un orgullo para los habitantes de la zona. La impresionante obra de ingeniería fue concebida principalmente para resistir y el grupo Eiffage, encargado de llevar a la práctica su construcción, garantiza que puede “aguantar incluso un viento de 250 kilómetros por hora”.
Eiffage, quien a cambio de la construcción y mantenimiento, se quedó con la explotación comercial para los próximos 75 años, afirma que el puente “funcionará perfectamente” en los próximos 120 años. La firma espera empezar a conseguir beneficios recién en 2014.
En total, 3.000 personas trabajaron en este proyecto, que comenzó a construirse en 2001, y costó más de 400 millones de euros.
Su creador, Norman Foster, de 69 años, no es un improvisado. Es autor de diversas obras en el campo de la ingeniería, como la torre de telecomunicaciones de Collserola en Barcelona (España, 1988-1992) o el conjunto del metro de Bilbao (norte de España, 1988-1995).
Como proyectos recientes destacan la nueva sede central de Commerzbank en Francfort (Alemania), el nuevo aeropuerto de Chek Lap Kok en Hong Kong, la sede del Parlamento alemán en Berlín o la Swiss Re Tower de Londres. También presentó un proyecto para reconstruir el World Trade Center de Nueva York, con dos torres gemelas entrelazadas.
Para informarse con más detalle, vea Megaconstrucciones, todos los sábados a las 10 p.m. en Discovery Channel.