viernes 07 de enero del 2005 Columnistas

Irresponsable excursión

Mientras en España, Mariano Rajoy, el líder del PP –partido opositor– le propone a Rodríguez Zapatero –Presidente del Gobierno y del PSOE– un pacto de Estado para seguir empujando hacia adelante a su país, que ya forma parte de una Europa unida admirablemente dentro de un pluralismo inmenso, acá en el Ecuador, en el epicentro político del Tercer Mundo, el Gobierno y la oposición –pero especialmente el Gobierno– están acabando con lo que queda de un país en harapos morales y legales.

A todas las violaciones constitucionales consumadas en las semanas precedentes con el Tribunal Constitucional, con el Tribunal Supremo Electoral, con la Corte Suprema de Justicia, hay que sumar ahora la vulneración perpetrada en la elección de dignatarios del Congreso Nacional. Debo repetir hasta el cansancio que no se trata de personas, es decir de hombres o mujeres considerados individualmente como buenos o malos o como capaces o incapaces o como preparados o impreparados para el manejo de la cosa pública, sino del cumplimiento de la Constitución, sin cuya observancia no hay, no existe, Estado de Derecho.

Desde mi punto de vista, que comparten muchos colegas y amigos con los cuales he hablado del tema, estamos viviendo una real dictadura con visos de legalidad, algo así como el fujimorato en el Perú –en los mejores tiempos de Vladimiro Montesinos– o como en la Venezuela de Chávez luego del fallido golpe de Estado que fortaleció al Teniente Coronel para seguir haciendo, con más fuerza, las arbitrariedades que ya practicaba.

Desde un punto de vista puramente práctico, no creo que el coronel Gutiérrez quiera dejar arrebatarse los controles sobre todas las instancias del poder que ahora ilegalmente posee, de tal manera que no me atrevo a proponer –por inútil– ninguna salida que no sea una auténtica protesta popular para que –dentro de la ley– la gente exprese su frustración por los abusos de que se siente víctima. La única forma en que la sociedad civil puede manifestar su rechazo es saliendo a las calles, igual que se lo hace en todo el mundo contra el terrorismo o contra la tiranía política y el fraude como ocurrió recientemente en un país tan distinto y distante como Ucrania.

El problema no es solo de políticos y de abogados sino de todos los ciudadanos. ¿Qué va a hacer usted, amigo lector, si mañana desconocen sus derechos, cualesquiera que estos sean, si nadie respeta la Constitución y la ley? ¿No se siente como en la selva o como en un Estado primitivo? ¿O como en una vieja dictadura desconocida por los jóvenes luego de 25 años de democracia?

Y con todo este desbarajuste, el Presidente invita, fresco, seguro de haber ganado el poder absoluto, a brindar con un trago de vodka a uno de sus opositores, como si nada pasara. Luce como que el Primer Mandatario cree que el país vive en una divertida e irresponsable excursión.

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