Miércoles 05 de enero del 2005 Gente

Bernard, en Ecuador y con fuertes latidos

Planea regresar a la televisión con nuevo espacio

El presentador viajó en agosto del 2004 a Francia para buscar a su esposa Evelina, quien estaba allá. En el aeropuerto sintió dolor de pecho que determinó que su válvula aorta debía ser reemplazada.
 
El semblante de Bernard Fougères no es el de una persona que fue sometida, durante más de dos horas, a una delicada operación de corazón abierto. Él, que pasó por esa intervención quirúrgica en su natal Francia -en septiembre del año pasado-, luce animoso. Su sonrisa se revitalizó y sus palabras y ademanes fluyen con tanta espontaneidad que nadie podría imaginar que estuvo entre la vida y la muerte, como señala.

La cicatriz que recorre su pecho y muestra el corte que el cirujano hizo para llegar a su corazón, así como las casi 20 libras de peso que perdió (cuando se fue a Francia, en agosto del 2004, pesaba 204 libras) son evidencias de la operación practicada al conductor de TV y columnista de Diario EL UNIVERSO.

Bernard y su esposa, Evelina Cucalón, regresaron a Ecuador el pasado 29 de diciembre. Comenta que ansiaba retornar porque en Francia la temperatura fluctúa entre cero y tres grados centígrados y él no la resistía. Además, anota que allá tiene lo que le queda de su familia, pero sus amigos ya no están. “Regresar a Guayaquil es volver a mi tierra. Francia es como una ex enamorada a la que me une mucha ternura, mas la pasión está aquí”.

El presentador del ‘Show de Bernard’ y ‘¿Quiénes son, quiénes fueron?’ menciona que extrañaba el calor, las cucarachas, el tráfico, la política podrida... Esos característicos defectos de un país al que le une grandes afectos. “Aún no sé qué voy a hacer. Quiero volver a la televisión, pero no para hacer ‘¿Quiénes son, quiénes fueron?’, sino algo diferente”, refiere, aunque admite no haber establecido aún contactos con algún canal. Esperará hasta marzo próximo para reintegrarse a la pantalla chica “de cualquier manera”.

Por lo pronto, Bernard seguirá respondiendo los cientos de correos electrónicos que le envían sus seguidores, escribirá para su columna en Diario EL UNIVERSO y recopilará material para editar un segundo libro (el primero se llamó Certezas provisionales). Es probable que en ese ejemplar, Bernard, cuya edad no revela, comparta sus experiencias antes, durante y después de una cirugía de la que se recuperó gracias a la voluntad que puso en hacer más de lo que los médicos le pedían.

Y es que tras la operación y de los diez días que permaneció casi inconsciente -debido a las altas dosis de morfina que le administraron y a la anemia que lo aquejó por la cantidad de sangre que perdió-, el médico tratante le dijo que en una semana quería verlo caminar de la cama hacia el baño. “Pero le respondí que en ese tiempo yo iba a recorrer el hospital y lo sorprendí porque lo hice”.

Posteriormente, cuando pasó a una clínica de rehabilitación, el doctor le comentó que estaría satisfecho con que camine unos 100 metros. No obstante, Bernard se propuso recorrer un kilómetro y al final caminó siete.

“La última prueba que me hicieron fue tomar dos baldes de arena, de cinco kilos cada uno, y subir tres pisos. Yo pedí que me pusieran 10 kilos en cada balde y cuando concluí el ejercicio y me tomaron el electrocardiograma se comprobó que mis latidos variaron de 72 a 74. Es decir, estaba en perfectas condiciones”.

Bernard no cree en los milagros, ni tampoco se considera merecedor a ellos, pero se manifiesta agradecido con lo que vivió porque aprendió una gran lección: ser humilde. “No somos nadie. Las cualidades o defectos que nos atribuyen los demás e incluso nosotros mismos son relativos. Lo cierto es que somos frágiles y que si morimos el mundo no se estanca, continúa”.

A pesar de no ser supersticioso, el conductor recuerda sorprendido que lo operaron un día 13 (de septiembre), a las 13h00 y su habitación en el hospital tenía el número 13. “Son casualidades porque creo que la vida es una sucesión de hechos”.

Bernard reitera que bendice lo que vivió porque no es la misma persona. Para él la operación fue un bien porque se le bajaron muchos humos. Ahora su corazón late y siente distinto. “Es más que un músculo. Tiene vida propia. Si uno se enamora las manos sudan y los latidos se aceleran. La influencia de la mente sobre el cuerpo es evidente”.


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