Cuarenta y ocho adolescentes guayaquileños demostraron que saben sacar muy buen provecho de las lecciones de cívica. Un encuentro intercolegial sobre la Revolución del 9 de octubre, los motivó a pensar en sus propias capacidades de transformar lo que no les gusta de la sociedad.
Decidieron actuar en un ámbito muy concreto de su vida cotidiana: el de los mensajes televisivos. Y apuntaron nada menos que al programa con más alto rating de la televisión: ‘Mi Recinto’. Lo acusan de “ultrajar” a la cultura montubia. Con el aval del Archivo Histórico del Guayas y el apoyo de varias organizaciones montubias, plantearon el debate al público.
Lo de estos colegiales es una lección de ciudadanía que parece confirmar una tendencia en nuestra sociedad. En los últimos tiempos hemos sido testigos de un creciente número de acciones de grupos de personas dispuestas a no dejarse atropellar por los medios: espacios de discusión en Internet, iniciativas como aquella de “un día sin televisión”, manifestaciones públicas de rechazo a programas concretos (por ejemplo, a través de cartas a los periódicos, como las decenas que han llegado a este Diario)... Entre la televisión y su público se está gestando un nuevo tipo de relación en el que no tiene cabida la impunidad. ¿Lo alcanza a ver TC Televisión?
La defensa de ‘Mi Recinto’ estuvo a cargo de Rafael Cuesta. Su argumento central es que la libertad de expresión garantiza el derecho de TC Televisión a emitir el programa. Como si la “libertad de expresión” fuera exclusiva de los medios, y proveyera a estos de una patente de corso para decir cualquier cosa. No se da cuenta de que la auténtica libertad de expresión es un ejercicio de ciudadanía que cobra forma, precisamente, en espacios como el debate abierto por los colegiales. Qué bueno que sean los ciudadanos, no el Estado, quienes ejerzan control sobre los contenidos de la TV.