Domingo 26 de diciembre del 2004 Letras y Notas

Alejo Carpentier, la escritura de lo real-maravilloso

Texto: Javier Ponce

El próximo 28 de diciembre se cumplen 100 años del nacimiento del escritor cubano, autor de novelas como El reino de este mundo, Los pasos perdidos, El siglo de las luces, Concierto barroco y El recurso del método.

“Empiezo a trabajar diariamente a las cinco y media o seis de la mañana (aunque me haya acostado tarde la víspera: mera cuestión de costumbre). A las ocho tengo un par de páginas escritas. No hace falta más. Al cabo del mes son sesenta páginas...”.

Es el cubano Alejo Carpentier el que hace esta confesión. El resultado final de esta acumulación de páginas escritas con disciplina, como si fuese un artesano del lenguaje, serán algunas de las mayores novelas de la literatura latinoamericana contemporánea: El reino de este mundo (1949), Los pasos perdidos (1953), El siglo de las luces (1962), Concierto barroco (1974), El recurso del método (1974) y El arpa y la sombra (1979).

Este 28 de diciembre se cumplen 100 años del nacimiento en La Habana de este hijo de emigrantes, padre francés y madre rusa, y nieto de una pianista, alumna nada menos que de César Frank y que le inició en la música.

Su literatura, entre tanto, nacería en una cárcel, en 1927, condenado por firmar un manifiesto contra el dictador Gerardo Machado: “¡Écue-Yamba-Ó!”, su primera novela.

Allí también Carpentier aprendió a cantar La internacional, para después escapar a París sin documentos,  participar con intelectuales del  mundo en la guerra civil española, codearse con el Surrealismo al que sin embargo nunca adhirió, y volver a Cuba, para finalmente convertirse en una de las mayores figuras oficiales de la Revolución Cubana. Falleció sorpresivamente el 24 de abril de 1980, siendo embajador de su país en París.

La novelística de Alejo Carpentier remite inevitablemente a dos términos: barroco y real-maravilloso.

Dos conceptos que resumen lo que el propio autor llamará algún momento como el esfuerzo de nombrar lo innombrable de América Latina, donde conviven desde el hombre cuaternario hasta el dictador contemporáneo, pasando por la Edad Media, la ilustración y la modernidad, juntas todas las desmesuras naturales y humanas que sea posible imaginar.

Todo aquello parece exigir la invención de un lenguaje.  Carpentier recuerda cuando Hernán Cortés escribió a los reyes españoles que quisiera contar otras cosas, pero que no tenía las palabras para nombrarlas; entonces, “me di cuenta un día de que era ese vocabulario y eran esas palabras las que teníamos que hallar” para la literatura latinoamericana.

“El novelista de nuestros países es pues un poco un Adán, el de la Biblia, puso nombres a los animales y a las plantas, así nuestros creadores de ficción deben bautizar todo lo que les rodee”, declaró Carpentier.

“América es el único continente donde distintas edades coexisten (...) La historia de América es una crónica de lo real-maravilloso”, afirma para agregar:

“Lo real-maravilloso se encuentra a cada paso en las vidas de hombres que inscribieron fechas en la historia del Continente: desde los buscadores de la fuente de la eterna juventud, de la Áurea ciudad de Manoa, hasta ciertos rebeldes de primera hora o ciertos héroes modernos de nuestras guerras de independencia. Siempre me ha parecido significativo el hecho de que en 1780 unos cuerdos españoles, salidos de Angostura, se lanzaran todavía en busca de El Dorado, y que en días de la Revolución Francesa el compostelano Francisco Menéndez anduviera por tierras de Patagonia buscando la Ciudad Encantada de los Césares”.

Y lo real-maravilloso va de la mano del barroco, un lenguaje que aparece en América desde tiempos precolombinos (Carpentier recuerda los códices mayas, por ejemplo) y se prolonga en los siglos posteriores con la arquitectura colonial y el voluptuoso mestizaje republicano, hasta buena parte de la literatura del continente, particularmente cubana, en la que este autor comparte la síntesis del mundo y de la historia con autores como José Lezama Lima o Severo Sarduy.

“Hay que buscar en América las cosas que no se han dicho, las palabras que no se han pronunciado”, afirma en su texto sobre la “Problemática de la actual novela latinoamericana”.

Quizá la obra que mejor resume la aproximación hacia ese pasado extraño y maravilloso es El siglo de las luces, una historia ambientada en el siglo XVIII, que parece surgida de la ilustración francesa y trasladada a los escenarios barrocos de una Habana que Carpentier recorrió, asombrado, desde su infancia.

Y mientras Concierto barroco y Entre la lira y la sombra están cerca, entrañablemente, de la música de la que Carpentier era un notable conocedor, El reino de este mundo ilustra la mítica revuelta de Haití contra el colonialismo francés y Los pasos perdidos es el retorno de un músico a los orígenes, a “las raíces de la vida” y una evocación de la “coexistencia de edades” en América.

Finalmente, Carpentier no podía ignorar la realidad de un continente, en el que un solo país ha vivido en ciento cincuenta años nada menos que veintisiete dictadores; entonces escribió El recurso del método. “No somos sino hechura de nuestro pasado”, dijo un día.

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