Samantha Saltos de Wreaks celebra Navidad en un híbrido de dos culturas: americano-ecuatoriana. Desde diciembre del 2001, 23 días después de contraer matrimonio, esta guayaquileña de 29 años aúna las tradiciones de su esposo estadounidense Charles y la que sus padres Berford y Clotilda le inculcaron desde niña cuando vivía en Ecuador.
A la medianoche de hoy, la familia Wreaks-Saltos coloca al Niño Dios en su pequeño Nacimiento, mientras a un lado acomodan una porción de galletitas de chocolate, avena y nueces junto con un vaso de leche para que se lo coma Papá Noel, en su departamento ubicado en el piso 11 de la 249 Este de la calle 48, en Manhattan.
“Para mí lo de Papá Noel no tenía sentido. En Guayaquil, la familia se reúne por la llegada del Niño Dios y comparte la Nochebuena con costumbres muy distintas”, comenta Saltos de Wreaks.
Sin embargo, la guayaquileña y ciudadana americana ahora hornea las galletas en casa e inculca esta costumbre americana a sus hijos Chloé y Charles Jr., de 18 y 2 meses.
Esta Navidad, por ejemplo, Papá Noel, entre los regalos para la familia, le traerá a Chloé su primer triciclo, el cual lo compró su mamá.
En la comilona navideña de esta singular familia tiene preferencia la pura sazón ecuatoriana, acompañado con algo de las tradiciones estadounidenses.
Para la cena de esta noche especial, entre los manjares estará una pierna de chancho horneada acompañada con mote, habas y salsa de cebolla, como el plato principal, junto con cebiche de camarón, relleno de pavo y arroz blanco, pero se acompaña con sidra de manzana, típico de Estados Unidos.
La celebración de la Nochebuena a la medianoche de hoy, en la víspera de la Navidad, resulta muy conveniente para Charles Wreaks. “Ha sido una ventaja que mi esposa tenga la tradición como lo hacen en Ecuador de celebrar el 24, porque así evitamos los conflictos por escoger el lugar en donde pasaremos el 25”.
En Estados Unidos, las familias se reúnen el día 25 para festejar el día del nacimiento de Jesús. Ese día Samantha y Charles empacan maletas, rentan un auto y viajan con sus hijos a Vermont, a cuatro horas de recorrido desde Nueva York, donde viven los parientes de los Wreaks, para compartir con ellos los próximos cinco días. Luego la familia regresa justo para la celebración del Año Nuevo.
Nostalgia por la tradición
Paola Flores, otra guayaquileña residente en Nueva York, con felicidad dice que tendrá pavo y relleno en esta Nochebuena. Su tía Norma se encarga de la preparación del platillo acompañado con un arroz especial.
Flores, de 26 años y estudiante de mercadeo en el York College, es la encargada de preparar el postre: queso de leche y pan de Pascua.
Para la joven, la nostalgia por su ciudad natal, sin embargo, no se aleja de su retina y evoca con nostalgia los recuerdos de los gratos momentos que vivió con su familia en su Ecuador.
“Acá hemos perdido la religiosidad. Mi abuelita Aleja Carmen –que en paz descanse– nos hacía rezar junto al Nacimiento y esperábamos en familia la llegada del 24”.
Desde hace cinco años que vino a Estados Unidos, no repitió aquella tradición.
Saltos de Wreaks también extraña el catolicismo y los cohetes alrededor de la fiesta navideña. “Antes nosotros rezábamos en casa, pero eso se ha desvanecido con el transcurso de los años. Acá todo es más comercial”.