En una cosa no lograron ponerse de acuerdo el padre Vicente Agila, coanimador de ‘Está clarito’, y Paolo Marangoni, director ejecutivo de Aprofe, durante el debate sobre planificación familiar de la semana pasada en el programa ‘Perfiles’, de Telerama: el tema de la castidad. Según Agila, la castidad, la virginidad y la fidelidad son los únicos métodos válidos para el control de la natalidad y para prevenir el contagio de enfermedades de transmisión sexual. Marangoni, en cambio, sabe que ese discurso es impracticable.
Dijo Marangoni: “Todo el mundo actual, la forma como nosotros actuamos en este momento, es pro sexo... El mundo está forzando siempre en esa dirección. Y la gente reacciona de acuerdo a cómo se la estimula. En estas condiciones, es difícil poder hablar de castidad”.
Todos conocemos a qué clase de estímulos se refiere Marangoni, y sabemos que la mayoría de ellos proviene de la televisión, que es el principal agente de educación sexual que reconoce casi el 30 por ciento de los adolescentes, según una encuesta presentada en el mismo programa ‘Perfiles’. Al padre Agila, algunos de esos estímulos deben resultarle tremendamente familiares y cercanos.
Lo digo porque, como consta a todos los madrugadores, los camarógrafos de ‘Está clarito’ se han convertido en auténticos expertos en el difícil arte de filmar glúteos desde ras de suelo. Lo hacen con los numerosos grupos femeninos de tecnocumbia que, cada vez con mayor frecuencia, visitan el estudio; el grupo ‘Las hembras’, por ejemplo. Y, por supuesto, con las bailarinas de Teen Brasil, traseros oficiales de un programa que no ha tenido reparos en buscar soluciones lascivas a sus problemas de audiencia.
Entre glúteo y glúteo, Vicente Agila predica la castidad, habla de los valores supremos de la virginidad y enumera las virtudes de la abstinencia. Clarito está.