No les fue bien a Loquillo y el Padrino en su noche de estreno en Canal Uno. Los muñecos de Televisión Satelital que saltaron a la fama por su sexopatía galopante, fueron tratados con rudeza: la primera entrega de su programa ‘El muñequeo’ fue retirada del aire antes de la media hora. “Vámonos al corte y después cogemos más llamadas”, había dicho Loquillo, pero no hubo un después para él esa noche, ni siquiera hubo un corte ese momento sino que, de inmediato, apareció ‘Don Francisco’.
Quiero pensar que esa abrupta interrupción fue un signo de cordura. Quizás alguien en Canal Uno, alguien con poder de decisión, advirtió que la inconveniencia de un programa que fomenta el machismo, legitima el acoso y la agresividad sexuales y promueve la concepción de la mujer como objeto, no se absuelve con el simple hecho de programarlo en la franja de adultos e incluir una advertencia a los padres.
Todo el programa está construido en torno a una única idea: las mujeres son unas putas. No se trata de una idea implícita, sino una que Loquillo y el Padrino expresan con brutalidad a cada mujer que llama por teléfono o pisa su escenario. Pobre Marianita, una de las bailarinas brasileñas de Canal Uno, quedó atónita cuando Loquillo le preguntó: “¿cuánto cobra la hora usted, mamita?”.
“Baila, date la vuelta que te quieren ver por atrás”. A gritos y en coro, Loquillo, el Padrino y el locutor en off instruían a las participantes de su concurso de modelos: “enseña el ortega, eso es, la vueltita, vírate pues colorada, eso, aflójate, remójala como el fréjol, enseñe la mercancía para que la gente vote por usted, mamita”.
“La mercancía”. Así de crudo. Luego, a la primera noticia de una violación, el noticiario de Canal Uno se horrorizará y condenará a los criminales a las llamas del infierno. Ojalá la interrupción del programa estreno de ‘El muñequeo’ signifique que alguien en el canal se dio cuenta que ambas cosas están relacionadas.