La noche del concierto de Luis Miguel, en el estadio Modelo de Guayaquil, el novísimo show chismográfico ‘Vamos con todo’, de Telesistema, envió dos equipos de cobertura especial al lugar del espectáculo: uno con la reportera Eliana Gustavino y otro a cargo del propio conductor del programa, Ángelo Barahona. ¿Para qué tanto despliegue? ¿Para ofrecernos una crónica del concierto? ¿Para hacer un análisis de la producción? Nada de eso. Fueron al concierto para, en palabras de la animadora Janine Leal, ver “quiénes entraron a VIP (pronúnciese vi ay pi) y quiénes entraron a la parte regular”.
A la gente que compró las localidades más baratas (tribuna, 20 dólares), Eliana Gustavino les preguntaba el porqué de su elección como si tuvieran que arrepentirse de algo: “¿Y cómo así en tribuna, ah?”, decía con impertinencia, “¿Por qué no se fue más adelante?”.
Si su objetivo era avergonzar a los entrevistados, lo logró en todos los casos. “Es que conseguimos las entradas a última hora”, respondía uno, casi excusándose. “Más el precio de los pasajes desde Cuenca”, apuntaba otro, llegado desde esa ciudad para ver a Luis Miguel y preocupado porque se sepa que a él este concierto le salió más caro. “Diga la verdad, diga la verdad”, presionaba la entrevistadora hasta obtener la valiosa confesión: vengo acá porque es más barato. “Uy, rompieron el chanchito, ¿no? Ya me contaron”.
A los de las localidades más caras no les fue mejor. El periodista Steven Macías, por ejemplo, que tenía una entrada para cancha (35 dólares) Ángelo Barona le exigió que le mostrara su boleto y prácticamente se lo arranchó de las manos. “Esto cuesta 35, ¿ah?”, decía el desvergonzado mientras sacudía el cuerpo del delito ante la cámara y su interlocutor, abochornado matizaba con un “Canchita no más”.
A este ofensivo ejercicio de arribismo esnobista llaman sus cultores “periodismo de espectáculos”.