Llegó al Ecuador esta semana para presentar el último libro del escritor ecuatoriano Javier Vázconez. El crítico literario mexicano, ensayista y novelista, miembro del Consejo editorial de ‘Letras libres’, revista fundada y animada por Octavio Paz, habla sobre la literatura latinoamericana.
Christopher Domínguez recuerda un contacto temprano con el Ecuador. Entre sus primeras lecturas de juventud estaba “una novela ecuatoriana de Demetrio Aguilera Malta publicada en México, recuerdo que ocurría en torno a un general” (El secuestro del general).
“De la literatura ecuatoriana conozco lo que debe conocer todo crítico literario latinoamericano: Pablo Palacio, Jorge Icaza, Alfredo Gangotena, Jorge Carrera Andrade, Dávila Andrade y los autores que pasaron o se quedaron en México, Miguel Donoso Pareja, Vladimiro Rivas y el filósofo Bolívar Echeverría”, dice Domínguez.
“No ha sido un país lejano para mí. El problema es que en América Latina no nos conocemos entre los escritores más jóvenes, los libros no circulan por nuestros países. Tengo que venir aquí para conocer las obras de escritores ecuatorianos de mi generación o menores”, lamenta el mexicano, para quien “algo hay que hacer para no tener que esperar que los autores contemporáneos latinoamericanos estén muertos o que sean publicados en España para conocerlos”.
El diálogo con EL UNIVERSO recae sobre la obra personal de Christopher Domínguez. En concreto, un libro suyo que circulará en las próximas semanas, la biografía de Fray Servando Teresa de Mier, una de la figuras descollantes y apasionantes de la independencia mexicana y latinoamericana; a quien, según cuenta el autor, Vicente Rocafuerte rescató de La Habana, para entonces colonia española, en 1821, pues compartían la misma logia.
Una biografía sobre Fray Servando, necesariamente toca el tema de los límites entre historia y literatura, por lo fantástico y fantasioso de los escritos de este cura, “un desterrado barroco, patriota y magnífico escritor, heterodoxo, que no creía en otra identidad que la de la iglesia, una identidad sustentada en la fantasía de que fue Santo Tomás Apóstol el que catequizó América en el siglo primero de nuestra era, y que le valió la persecusión pues significaba despojar los españoles de la primacía del apostolado”.
La obsesión por recuperar la memoria, por buscar la identidad en la historia es para Domínguez un objeto de la Literatura.
“Los críticos literarios nos interesamos por la historia, porque las relaciones entre esta y la literatura son muy estrechas. Toda literatura madura se interroga sobre la historia; pero los imaginarios latinoamericanos relacionan con tanta frecuencia las funciones de la historia y de la literatura, ya sea para bien o para mal, que me he propuesto, precisamente, escribir una biografía científica a secas”, confiesa Domínguez, para quien los biógrafos de un personaje como Fray Servando, partían de tomarse como ciertas una cantidad de fantasías y de falsedades que, sin embargo, vuelven fascinantes al personaje y su obra.
El sexto invitado de Vásconez
Invitados de honor, el libro de Javier Vásconez que el crítico mexicano presentó en Quito el jueves pasado, es una colección de cinco relatos cortos que constituyen, cada uno una invitación personal a uno de cinco amigos entrañables desde la lectura –Colette, Franz Kafka, Vladimir Nabokov, Joseph Conrad y William Faulkner–, para que vuelvan a vivir un momento en Quito.
Domínguez podría muy bien ser el sexto invitado por el autor, pero esta vez para comentar las cinco visitas anteriores.
“Pocas veces encontramos un escritor contemporáneo tan cosmopolita como él, por cuya casa se pasean Colette, Kafka, Faulkner como si fuesen sus primos; sin dejar de ser por eso profundamente ecuatoriano”, afirma.
Para el crítico mexicano, la forma alusiva en que está presente Ecuador en la obra de Vásconez, es muy profunda, lo que le da, a su vez, confianza para abrir las puertas a escritores universales. “Eso es un escritor moderno”, concluye.
“Ahora vivimos una época internacional, los escritores son habitantes del planeta, lo que no significa afirmar que hay el llamado pensamiento único, sino que la diversidad está en las manos de todos los lectores”, refiere el crítico.
Según él, las circunstancias vividas por su país, México, el hecho de estar al mismo tiempo en el Norte y en el Sur, en el Oriente y en el Occidente, marcaron la modernidad de su literatura, su tradición cosmopolita, con escritores universales como Alfonso Reyes, Jorge Cuesta u Octavio Paz; un autorreconocimiento que vino, para Domínguez, “desde cuando Paz afirmó en El laberinto de la soledad que ya somos contemporáneos de todos los hombres... siempre lo fuimos, pero no lo sabíamos”.