El cantón Nobol cuenta con tres obras ‘de amor’, como las denomina monseñor Plácido Muñoz, párroco del santuario arquidiocesano de la beata Narcisa de Jesús Martillo.
Estas son: el centro educativo y el santuario que llevan el nombre de la Sierva de Dios y un mural de oración en la hacienda San José, donde vivía Narcisa, ubicado a 1 kilómetro del santuario.
La construcción de estas infraestructuras se las realizó, según Muñoz, como un homenaje a la Violeta de Nobol y su pasión por la enseñanza.
“Narcisa, junto a su amiga, la beata Mercedes de Jesús Molina, daban clases de costura y catequesis a las huérfanas recogidas en la Casa de la Providencia”, precisa el párroco.
Con este antecedente se construyó una escuela y colegio para mejorar la educación de 1.650 niños y jóvenes noboleños.
Actualmente se levanta un coliseo para la distracción deportiva de los estudiantes.
El santuario alberga, además de la caja en la que reposa el cuerpo de la beata, pinturas y vitrales que exponen la vida de Narcisa, como maestra, costurera, campesina y enfermera.
Con la ayuda económica y voluntaria de los fieles se edificó un museo en el que se exhiben los tres últimos vestidos que lució en los cambios de féretro en Lima (Perú), Guayaquil y Nobol.
También se exponen los látigos que utilizaba para flagelarse y la representación de una cruz de madera en la que se crucificaba.
El mural de oración junto al guayabo, árbol en el que Narcisa se cobijaba para enseñar catequesis, es el sitio donde se congregan devotos del cantón y del país al final de las peregrinaciones anuales.