El actor argentino vino al país para participar en el VII Festival Internacional de Teatro y para impartir un seminario.
“El teatro es un encuentro entre seres vivos”. Así describe Ciro Zorzolli a la experiencia fundada en las sensaciones, cuando un público asiste a ver lo que hacen unos actores y, en el proceso, si la obra tiene la suficiente fuerza, si es un hecho vivo, “provoca una transformación en la gente”.
Zorzolli llegó al Ecuador desde Argentina para participar en el VII Festival Internacional de Teatro Experimental con su grupo La Fragua y para dictar simultáneamente un taller de improvisación física.
Para este actor y director que lleva en el teatro profesional desde 1991 y que pasó ocho años por un conservatorio de música, el hecho teatral es “como una partitura en la que se leen el ritmo de los cuerpos, las sonoridades de las palabras, la melodía del espectáculo”, sostiene.
¿Aquello significa una fusión de géneros, del teatro con la música y la danza? Más que una fusión, es para Zorzolli el reflejo de lo que ocurre en la vida real: “En todos nuestros actos hay un ritmo. En una conversación hay un ritmo.
Existe una danza en lo cotidiano”, afirma en su diálogo con EL UNIVERSO.
Zorzolli y La Fragua han llegado al Festival con una obra que tiene un punto de partida inesperado: el viejo manual de urbanidad y buenas costumbres del venezolano Carreño, que marcó a las sociedades latinoamericanas de hace dos o tres décadas.
“Lo encontré en una librería de libros viejos. Años más tarde me reencontré con él y tomé sus ideas para comenzar a explorar”, cuenta.
¿Una nostalgia en torno a la pérdida de los buenos modales? No necesariamente. Para Zorzolli resulta apasionante reflexionar sobre las oposiciones que recoge el manual de buenas costumbres de Carreño: orden versus caos, limpio versus sucio, lo desconocido como el espacio peligroso de las pasiones. El resultado: la obra Ars Higiénica, donde es posible reflexionar sobre la forma como “uno se construye a sí mismo ante la mirada de los otros”.
“No se trata de una obra de denuncia social ni mucho menos. Se trata de poner en escena mis conflictos, los conflictos de los actores, con respecto a lo social. A esa sociedad que nos rodea, nos filtra. Incluso si la queremos obviar, es que la tenemos presente”.
Zorzolli ha sido maestro de teatro desde que se inició en la carrera, a principios del noventa.
Pero el taller que dicta en Quito en estos días no gira en torno a unos cuantos instrumentos técnicos para el actor, sino en torno a los elementos esenciales que intervienen en el escenario: la relación con el espacio, con los otros actores, con la palabra. Y todo ello vivido como una experiencia en la que están presentes las dudas. “Cuando hablo del uso de la palabra pienso que hay que empezar a decir algo para luego comenzar a entender lo que quiero decir”. Esto es, la experiencia en primer término, la experiencia como forma de evitar las certezas. “La incertidumbre” es para este director de Buenos Aires “la zona básica del trabajo teatral”.
Para él, una obra de teatro tampoco es el desplazamiento en el escenario de roles protagónicos y roles secundarios. No.
“En el teatro que estoy creando, el protagonista no es un actor, el protagonista es lo que ocurre en el escenario.
Busco una idea de coralidad, que no significa tampoco que no exista heterogeneidad y diversidad en la forma de comportarse cada actor en la escena”.
Hablar de incertidumbre, de dudas antes que de certezas, conduce la conversación con Ciro Zorzolli a plantearse la necesaria crisis del teatro actual, que pone en discusión las formas de expresión teatral que ha heredado, que busca nuevas maneras de vincularse con el público; una búsqueda de estilos de representación, en los que el texto ya no es el corazón de la dramaturgia sino un elemento más sobre el escenario. “Pero son búsquedas y rupturas en las que hay que cuidarse de no caer en lo formal”, concluye.
Un riesgo de quedarse en lo formal, que está presente cuando en el arte entran en crisis las formas expresivas que han estado vigentes hasta entonces.