“Todos los problemas políticos generan inestabilidad, incertidumbre”, reflexionaba ayer Úrsula Strenge, conductora de ‘Está clarito’. “Obviamente -añadía- no podemos hacer nada porque es decisión de ellos”. Es decir, de los políticos.
¿No podemos hacer nada? Constantemente, la TV nos bombardea con este tipo de mensajes de impotencia. En lugar de fomentar actitudes activas dentro de un sistema político del que todos formamos parte, muchos conductores y comentaristas de todos los canales alimentan la cultura de la queja y plantean, de mil maneras, la imposibilidad de la participación ciudadana. Como si la política fuera una actividad ajena y sucia en la que únicamente nos corresponde el papel de víctimas.
Dijo ayer Fernando Aguayo: “Si viviéramos de la política, todos los ecuatorianos serían gordos, robustos, felices, pero lamentablemente es lo que enflaquece a las personas, lo que tiene estresado a las personas (sic), lo que degenera en que haya menos trabajo, en que las empresas tengan que cerrar. Eso degenera la política, esta política que está a flor de suelo, a flor de labios, a flor de diálogo (?), esta perniciosa política que dolorosamente nos ha hecho tanto daño a los ecuatorianos”.
Y Richard Barker, con minutos de diferencia: “Políticos vienen, políticos van, presidentes vienen, presidentes van.
¿Qué puedo decir yo? Nada más. Mejor recomiendo algo que le va a interesar a usted, que es más importante que cualquier discurso político que le den y que siempre es mentira... Yo le presento la maravilla de LG”.
En otras palabras: manténganse alejado de la política. O haga como los ‘HP’ (protagonistas de la serie homónima de Ecuavisa): dedíquese a robar a los políticos la plata que ellos nos roban a todos; tendrá suficiente para hacer obras de caridad (única actividad política posible) y para enriquecerse. Practique la anticiudadanía. Sea un HP.