Veinte de cada cien ecuatorianos tienen un teléfono celular y los jóvenes son la mejor clientela de este servicio, según una de las empresas de telefonía móvil. Algunos chicos que no tienen dinero para comprarse uno recurren a varios mecanismos para poseerlos: sacar buenas notas, portarse bien o inventarse un trabajo.
Casi como un ritual que realiza antes de dormir, Gabriela Morejón, de 16 años, cambia cada noche el ringtone de una canción de Pink, por el modo vibrador. No quiere que sus papás, que duermen en la habitación contigua, se den cuenta de que ya lleva chateando más de 20 horas seguidas con su enamorado.
Tras la aparición en Ecuador de la telefonía celular en 1994, este servicio ha multiplicado su número de usuarios de 18.920 a 2’728.225, según cifras de la Superintendencia de Telecomunicaciones. Veinte de cada cien ecuatorianos posee un teléfono celular.
Gabriela, quien además cuenta que sus padres han aprendido a reconocer (con disgusto) el sonido de sus dedos apretando las teclas en mitad de la madrugada, dice que los celulares son “una especie de apéndice de los jóvenes”.
En sus inicios, la telefonía celular era un servicio al que solo tenía acceso la gente de solvencia económica y que luego, con la aparición del sistema prepago, abrió su objetivo hacia los estratos sociales medio y bajo.
Desde el boom de la mensajería escrita, que fue gratuita durante el 2002, los jóvenes son el grupo más numeroso de los clientes de las empresas de telefonía celular. A ellos, sobre todo, según María Elena Baquero, relacionista pública de la empresa Porta (con más de 1’777.563 usuarios), están dirigidas las recientes campañas publicitarias, como la del lanzamiento de la tecnología 3GSM.
Esto ha motivado la creación de nuevas reglas dentro de los establecimientos educativos, y también maneras de conseguir disciplina, ya saben: “si no te portas bien, no te compro el celular”, utilizado con frecuencia por los padres de aquellos que no pueden adquirir con su dinero esta herramienta de comunicación.
Supongamos que tú, como algunos de tus compañeros, no tuvieras celular, mientras los que te rodean envían más de cien mensajes escritos cada mes, se comunican entre ellos, fácil, rápido, de una manera divertida y, además, le ponen ringtones y colores muy personalizados. ¿Qué harías para conseguir un celular?
En el noveno año del Cristóbal Colón encontramos un caso original. Galo Romero, de 14 años, forma parte de los 22 alumnos de su aula –son 43 en total– que tiene celular propio, gracias a que reunió dinero durante tres meses. “Descubrí el negocio de pintar zapatos de plateado a un dólar el par y reuní 100 dólares”.
Cuando le comentó a sus papás, estos le dijeron que no se compre el teléfono, porque tener uno de esos aparatos es una responsabilidad muy grande, y además, en el colegio está prohibido usarlos so pena de que sean requisados. “Pero me lo compré y ellos me dan para las tarjetas prepago”, comenta.
Marcelo Quishpe, de 14 años, no tuvo que ahorrar, solo se esforzó para sacar buenas notas el pasado trimestre y trató de portarse bien durante un par de meses. A él, en su condición de hermano menor, su mamá le regaló un Samsung Blue.
Roberto Quezada, compañero de ambos, no tiene celular. Pero, según dijo, sus padres le prometieron comprarle uno para esta Navidad. “Pero, eso sí, me hicieron prometer que les haré caso y sacaré buenas notas”.
Gabriela Rodríguez, de 14 años, está segura de que tendrá un celular propio entre sus manos para la próxima semana. Les comentó a sus compañeras del colegio Matilde Amador Santistevan que ese es el regalo escogido por sus padres para cuando cumpla 15 años. “Me pusieron a escoger entre una fiesta y un Motorola y yo escogí el celular, porque me será mucho más útil”, manifiesta.
Jacobo Saquicela, de 15 años, es uno de los tres que poseen un teléfono móvil en una de las aulas del Vicente Rocafuerte. Su padre lo había comprado inicialmente para regalárselo a su mamá, pero luego se lo entregaron a él, primero, para ubicarlo de manera más rápida, y luego, por su buena conducta dentro de casa.
En el mismo colegio, Ángel Delgado y Abel Contreras, de 12 años, no tienen teléfonos celulares, pero sus padres les han prometido comprárselos pronto. Eso sí, la condición para el regalo es sacar buenas notas en el colegio.