Domingo 22 de agosto del 2004 Lo Máximo

Unas niñas que ya quieren ser mujeres

Fotos: Jorge Peñafiel | Texto: Alina Manrique

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Tirza Kiegel, una modelo holandesa de 20 años, retoca su maquillaje en una habitación de hotel. Ella es una de las 51 candidatas al Models New Generation 2004.

Las modelos de entre 15 y 23 años que participan en el concurso Models New Generation 2004 cuentan que viajan por el mundo ganando popularidad y mucho dinero, pero que su trabajo las hace madurar de golpe y  alejarse de sus familias y de sus amigos.

Hay silencio entre el humo del tabaco que tres muchachas fuman fuera de la piscina del hotel, tras cuatro horas de ensayar giros, miradas y pasos. Ahora, en la mesa que comparten, esperan su turno para probarse trajes y zapatos. De pronto, Georgianna Chivu, una rumana de 16 años, apaga su cigarrillo y dice: “Ser modelo es lindo, pero te hace sentir muy sola”.

Las otras dos muchachas, Izzy Quevenard, una francesa de 20 años, y Tirza Siegel, una holandesa de la misma edad, se muestran animadas por la confesión de su compañera. No suelen conversar sobre eso, pero también lo sienten, y se interrumpen para contarlo.

“Yo perdí muchas amigas (...), es que nada es como antes, no estás cuando te necesitan, no puedes quedarte horas en el teléfono, no puedes hacer planes a largo plazo como ir al cine o a un concierto”, comenta Izzy con su inglés afrancesado, a la vez que acepta que su adolescencia se consumió muy rápido entre los viajes, la ropa de diseñadores y los flashes, una rutina que empezó cuando tenía 17 años.

“Así es este negocio, te hace madurar de golpe”, dice Tirza, quien modela desde los 16 años. El concurso Models New Generation 2004 será el miércoles próximo, y las tres competirán con otras 48 chicas, de entre 15 y 22 años, para obtener más de 300.000 dólares en contratos con casas de moda internacionales.

En un espacio que las oculta del sol guayaquileño del mediodía del martes, Georgianna ve pasar a los aviones y se maravilla como si no se cansara de viajar a bordo de esos aparatos. Recuerda cómo la ‘descubrieron’ en Rumania. “Soñaba con ser modelo desde que tenía 8 años”, confiesa.

Pasaba por una estación de servicio. Un hombre le pidió que se detuviera, la persiguió a lo largo de siete cuadras. Le dijo que era muy hermosa, le preguntó si quería ser modelo, y le entregó su tarjeta.

“Yo no lo llamé porque no le creí, y me estuvieron buscando durante siete meses. Cuando volví a encontrar al sujeto, en un Mc Donalds, él habló con mi madre, y resultó que era cierto”.

A Tirza le pasó algo similar en una panadería de Amsterdam. A Izzy, en la casa de una amiga. Ellas recuerdan a sus padres, a los hermanos que muy pocas veces pueden ver y a quienes, mientras estén en Ecuador, escucharán solo a través del teléfono que se instaló en el mismo cuarto donde ahora las espera John Roggiero de Bumble & Bumble, una famosa peluquería de Nueva York.

Nastacia Mendoza, boliviana de 18 años, recibió flores esa mañana de martes. “Manuel (su novio) me las mandó desde Canadá”, les cuenta. Junto a ella, la suiza Samra Reichen exclama un “ooohhh”, conmovida por el gesto de Manuel. Tirza se acuerda de que su novio le envió más de un centenar de rosas cuando cumplieron dos años y medio. Lo ve poco, por su trabajo.

No pierden esa característica de las adolescentes que las hace encontrarse defectos físicos imperceptibles: un trasero muy grande, o muy pequeño, rodillas muy grandes, nariz ancha, pestañas invisibles.

Izzy cuenta que su novio está en Nueva York, donde ella vive. Administra sus finanzas como casi todas. Las modelos ahorran, y mucho, porque dicen que una generación de chicas más jóvenes las reemplazará en poco tiempo.

Se quejan de que a pesar de que viajan por muchos países no se les permite salir solas a divertirse por la noche. “Me preguntarán qué conocí de Ecuador y yo diré que  el costado izquierdo del hotel”, comenta con sarcasmo Cinthya Romero, de Paraguay.

Nos hacen reír por un momento Alba Clave y María Fernanda Cornejo (la española y la ecuatoriana de 18 y 15 años, respectivamente), que juegan a lanzarse a la piscina. Algunas que, dijeron, irían a comer algo, regresan comentando el sabor de las frutas y vegetales. Alba y María Fernanda cuentan que se levantaron a las 05h30 de ese martes para ir al gimnasio.

Durante el ensayo de la mañana, el coreógrafo Gregory Moone les dijo: “Think about yourselves, not in the rest of you” (piensen en ustedes mismas, no en las otras).

“En el mundo de la moda –reflexiona Izzy– a nadie le importa lo que te sucede. Tienes que cuidarte a ti misma”. Ella sostiene que cuando tenga casi 30 años, considerada ya muy vieja para ser modelo, se dedicará a diseñar camisetas.

Las brasileñas Marie De Souza, de 15 años y Glaucia Fakete, de 16, dicen que también quieren diseñar ropa “cuando se acabe esto del modelaje”. Detrás de ellas, Daniela Drskova, de Eslovaquia, intenta, sin éxito, llamar a su familia.

Caminan con paso seguro en los desfiles y posan para las cámaras con marcada sensualidad. Refieren que cuando recorren la pasarela se sienten libres y hermosas. Sylvia Geersen, de 18 años, resume así la conciencia que tiene del variable y vertiginoso mundo de la moda: “Esto no se trata de cómo eres, se trata de cómo luces”.

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