Lunes 16 de agosto del 2004 Domingo

Paseo con el terror

Marjorie Ortiz, Ileana Matamoros y Ronald Soria

Aumentan los robos de autos en los que las víctimas son obligadas con violencia a permanecer con los delincuentes mientras cometen otros asaltos. La ley ecuatoriana no considera estos crímenes como un secuestro, pero hay un proyecto en marcha.

En los últimos cuatro meses (abril, mayo, junio y julio)  la Policía Judicial del Guayas ha registrado 228 robos de autos. En Guayaquil, la delincuencia le arrebata su automóvil al menos a dos o tres personas cada  día.

Los archivos policiales clasifican todos los casos de robo de automotores con el mismo rótulo. No distinguen entre, por ejemplo, la desagradable sorpresa de un propietario al no encontrar su carro en el lugar en el que lo había dejado estacionado, y entre el rapto de personas obligadas con armas y golpes a sufrir en su propio vehículo un recorrido que puede durar horas, incluir paradas en cajeros automáticos y en muchos casos asaltos a otras víctimas. Bueno, sí, a veces, cuando hay agresiones físicas graves, a estos casos se consideran como “robo agravado”.

Pero la modalidad criminal que ya se conoce en nuestro medio como “asalto express” (y que rasgos más, rasgos menos es como opera en países como Colombia, Argentina y México) no existe para la legislación ecuatoriana. Nuestras leyes solo consideran y castigan como plagio a los secuestros extorsivos (más específicamente cuando se priva de la libertad a alguien para un rescate a terceros, según el Código Penal). La unidad de Automotores de la Policía es la encargada de investigar estos casos. Hasta ahora  no se ha logrado desmantelar ninguna banda ‘express’.

A falta de una estadística oficial, EL UNIVERSO revisó y clasificó  193 denuncias por robo de autos presentadas entre abril y julio del 2004. El 20% de estos delitos se realizó violentando la seguridad de los autos cuando estaban estacionados y fuera de la vista de sus dueños. En el 23% de los casos el conductor y los pasajeros (que por lo general no son más de uno) fueron obligados con armas por los ladrones a bajar de sus automotores en el sitio del robo. Pero la mayoría de las denuncias, el 57%, relata un asalto en el que las víctimas son  retenidas en su propio auto por hampones armados, que por lo general actúan en grupos de más de cuatro. En dos de cada diez de estos raptos  los conductores y sus acompañantes son obligados a acompañar a sus captores a cometer otros asaltos mientras son agredidos físicamente y amenazados de muerte.

La incidencia de estos crímenes aumenta cada  mes. Paradójicamente los raptos más largos y traumáticos los viven quienes manejan autos nuevos con sistemas avanzados de seguridad (Hunter y Chevi Star) pues de quedar libres darían  la   alerta a las compañías, para frustrar los planes de los delincuentes.

Eso fue lo que le ocurrió a Carmen, dos veces en 15 días. La profesional, de 44 años y madre de tres chicos prefiere que utilicemos un nombre ficticio. Tiene miedo. “Me he quedado nerviosa, miro para todos lados, siento que me siguen”, explica.  El  primer asalto lo sufrió el 19 de marzo,  semanas después de haber comprado su Trail Blazer del año, equipada con Hunter. Eran las 21h15 y cerca del  cementerio la interceptó un Skoda Fabia, del que se bajaron tres tipos, a quienes  reconoció acentos peruanos y colombianos. Con  armas y a golpes la pasaron al asiento de atrás, y le  quitaron  sus pertenencias. Luego fue testigo de dos asaltos más. “Tenían radios y celulares, se comunicaban con otros autos, estaban muy bien organizados”, recuerda. Luego de hora y media de zozobra la abandonaron junto con el  auto.

El segundo asalto fue el 12 de abril a las 20h30. Estaba con su esposo.  En medio de los nervios ella  se animó a comentar a los ladrones  que hace poco le había pasado lo mismo. “Pues anda con cuidado,  ya no salgas después de las siete con este  carro porque nosotros lo necesitamos para trabajar”, le respondieron. En esa ocasión  esta mujer ya ni puso la denuncia, pues no lograron realizar ningún robo con su auto, y ella desconfía de la Policía.

Entre abril y julio de este año, el 72% de los asaltos que incluye retención de personas, ocurren durante las últimas seis horas del día. Carmen se ha limitado a seguir el consejo de los delincuentes. Ahora nunca  sale en la noche con su auto.

Domingo

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