El nerviosismo y temor aún flotaban en el ambiente el miércoles pasado en un domicilio situado en la ciudadela Coviem, donde Ángel, su esposa y sus cinco hijos vivieron momentos de desesperación a las 03h30 del día anterior, cuando fueron atacados por ocho delincuentes armados y encapuchados.
“En la casa tengo mi taller, y al parecer el guardia se quedó dormido. Sorprendieron a mi hija de 16 años, quien suele dormir en la planta baja, le apuntaron con una arma en la cabeza y la obligaron a que abriera las puertas”, dijo Ángel.
“Mientras dormía sentí algo frío en mi cuello, desperté y me asusté al ver el cuchillo de uno de los delincuentes. ¡No te muevas!, si colaboras, no le pasará nada a tu esposo, me dijeron al oído. Habían hecho lo mismo con mis otros hijos”, recordó la esposa.
“Desordenaron la casa mientras buscaban como locos una caja fuerte. ¿Dónde está el dinero?, gritaban desesperados. Cubrieron a los niños con una colcha, me pusieron una almohada en la cara y me apuntaron con el arma en la cabeza, pensé que era el fin, pero vino otro y los tranquilizó. Vaciaron la casa, intentaron llevarse la Mini Blazer nueva y la Cheyenne, pero la abandonaron”, refirió Ángel.
“Pensábamos que se habían ido y escuchamos unos pasos que se acercaban, llegó el más agresivo, parecía loco. Este nos apuntó con el arma. Le supliqué que no nos matara. Abracé a mi esposa y a mis hijos y rezamos un Padrenuestro. Entonces respondió: ¡No te voy a hacer nada!, y se fue. Lloramos y dimos gracias a Dios porque volvimos a vivir”, contó.