Los vendedores reubicados sugieren al Municipio realizar mejoras en la infraestructura y mayores promociones en centros comerciales populares.
Desde hace un año, nueve mil comerciantes informales del Centro Histórico ensayan nuevas formas de trabajar y viven diferentes rutinas.
Con su traslado de las calles de la ciudad antigua a once centros comerciales populares, construidos por el Municipio, quedaron a salvo de la lluvia, el sol y la contaminación de la vía. Pero también tienen la sensación de estar alejados de los compradores.
Pilar Cruz vendió por 18 años productos de aseo personal en un puesto de la calle Mideros, una de las vías del casco colonial que permanecieron por tres décadas ocupadas por informales.
Con el proceso de reubicación de los vendedores, Cruz pasó a ocupar un pequeño local en el centro comercial Hermano Miguel, hacia donde –afirma– llegan pocos clientes porque los transeúntes y residentes de la zona tienen el hábito de comprar en las calles.
Algunos expendedores reconocen las bondades del proceso de traslado: desde el 24 de julio del 2003, cuando se movilizaron los primeros informales, después de largas negociaciones con el Municipio, las calles del Centro Histórico están abiertas para el tráfico vehicular y sus atractivos turísticos son visibles.
Ese es el caso de la iglesia y convento de La Merced, cuya fachada estuvo cubierta por los puestos de venta durante cerca de 30 años.
Inés Pazmiño, administradora de la Zona Centro, destaca que la mudanza de los vendedores a los centros comerciales populares, ahora denominados BBB (Bueno, Bonito y Barato), fue el paso fundamental para cambiar la vida del Centro Histórico.
Sin embargo, aún hay tareas pendientes. En el sector de La Marín, que forma parte del Centro Histórico, alrededor de 300 comerciantes informales expenden productos en la avenida Pichincha y otras.
Pazmiño explicó que están en marcha las negociaciones para que los mismos vendedores construyan un centro comercial en un terreno aledaño a esa avenida.
Otro aspecto por solucionar es la presencia, en el centro de la ciudad, de vendedores ambulantes, quienes –a diferencia de los informales– no tienen un puesto fijo, pero se movilizan por la zona expendiendo su mercadería.
Pazmiño asegura que la Policía Metropolitana controla a los ambulantes, pero “es difícil contabilizarlos y evitar su presencia en las vías”.
Mayor difusión
Los vendedores ubicados en los centros comerciales reclaman más publicidad para los lugares de expendio y una oferta variada de servicios.
William Pillana, vendedor del Hermano Miguel, asegura que volvería a las calles, a pesar de las seguridades que ofrece el centro, porque en la vía pública vendía más.
Pillana sugiere la instalación de mejores patios de comida y lugares de recreación infantil.
El Municipio de Quito realiza campañas de publicidad y promociones en los días previos a fechas especiales, como el Día de la Madre, del Padre y Navidad. En los primeros meses de funcionamiento de los centros comerciales también lideró una campaña, donde se estableció el eslogan de Bueno, Bonito y Barato.
Enma Escudero, dueña de un local en el centro comercial Granada, solicita que la publicidad sea más intensiva en todo el año.
Por su parte, Inés Pazmiño, administradora de la Zona Centro, asegura que en diciembre los centros comerciales populares alcanzaron ventas por 10 millones de dólares, con lo que los informales pasaron “la prueba de fuego” después de abandonar las calles del Centro Histórico.
COMERCIOS
Reubicación
El proceso de reubicación de los informales en los centros comerciales del Centro Histórico, realizado hace un año, duró aproximadamente quince días.
Negociación
Previamente, las negociaciones entre el Municipio y los expendedores se efectuaron durante dos años.
Proyecto
El traslado forma parte del plan de recuperación del Centro Histórico del cabildo.
Inversión
En la construcción de once centros comerciales populares, el Municipio de Quito invirtió 25 millones de dólares. Siete están ubicados en el centro, uno en el sur y tres en el norte de la ciudad.