Los viernes de 10h00 a 15h00 se realiza la Casa Abierta, con exposiciones y actos culturales.
Junto a una mesa, el interno Carlos Rodríguez disfruta de un café, mientras lee un diario local, otros compañeros ojean libros y revistas. Las notas musicales de una guitarra entonada por un joven preso anima el ambiente, a la vez que otro grupo admira las obras pictóricas del reo Marco Herrera Cerón.
Desde hace dos meses este ambiente se vive cada viernes en el salón ubicado en la planta administrativa de la Penitenciaría del Litoral.
“Es la Casa Abierta que realizamos de 10h00 a 15h00, es un espacio que hemos logrado conseguir para un encuentro de los internos y una oportunidad para exponer sus trabajos”, dijo Soledad Rodríguez, responsable de los programas de rehabilitación.
Con un pastel, arepas y galletas, doce reclusos de diversos pabellones inauguraron la mañana del viernes pasado el taller de panadería. “Cada vez se integran más compañeros, ahora horneamos hasta 600 panes diarios y vendemos 10 panes por un dolar”, indicó el interno Fidel Sarmiento.
Inglés y computación
Decenas de internos identificados con una credencial que les permite salir de los pabellones participaron del encuentro. “Acuden los reos que trabajan en uno de los talleres, que ya son 700 de los 3.200”, afirmó Rodríguez.
Un grupo de 160 internos participa en cursos gratuitos de computación e inglés, dictados por sus compañeros.
“Les cobramos un dólar por el material para el trabajo”, señaló el reo de origen portorriqueño, David Rodríguez, uno de los siete profesores extranjeros que dictan las clases.
Son 100 alumnos los que reciben las clases en aulas adecuadas; otros considerados conflictivos las acogen en sus pabellones, hasta que hayan obtenido una credencial. Para esto, “no deben registrar parte”, es decir deben tener buen comportamiento, indicó el interno Eddy Ruiz.
Los cursos se distribuyen en siete módulos, con una duración de tres meses cada uno, y con la ayuda de la Dirección de Educación esperan obtener el aval para que los internos reciban un certificado.
En otra aula, 60 alumnos se distribuyen en tres horarios para aprender computación en las tres procesadoras que el interno Julio Molina, técnico en sistemas, tras repararlas logró que funcionaran.
Los profesores de inglés y computación coincidieron en las necesidades de material para sus clases. “Pedimos a instituciones, empresas y universidades la donación de material teórico de inglés y computadoras que ya no utilicen”, solicitó Molina.
“Necesitamos que nos ayuden a vender nuestros productos, hacemos muebles, adornos, pinturas, hay grupos de teatro, el rincón de la lectura y se pueden servir un café o probar una pasta”, recalcó el preso de origen mexicano, Francisco Prado Caballero.