Martes 13 de julio del 2004 | 22:54 El Gran Guayaquil

Falleció el radiodifusor Carlos Armando Romero Rodas

Adiós a la Voz del Pueblo

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La radio fue la pasión de toda la vida de Armando Romero Rodas, pues en ella militó 59 de los 75 años de su existencia.

Su voz inconfundible y la actividad de Radio Cristal lo identificaron con los afanes de la comunidad, que jamás le negó su afecto.

Como él mismo solía señalarlo sin nada de vanidad sino con la certeza de quien se ganó un lugar en el corazón de sus compatriotas, con Armando Romero Rodas era imposible hablar de eclipses  en su popularidad como le sucede  a políticos, artistas y hombres públicos en general, porque el pueblo siempre  le guardó respeto y admiración, al igual que a  la gran obra que lo identifica en  la patria y fuera de sus linderos: radiodifusora Cristal.

Nació el 3 de abril de 1929 en Guayaquil y acumuló 59 años de actividad radial profesional, de los cuales 47 estuvo al frente de la emisora de su propiedad. En sus  triunfales 75 años, vale resaltar que  tuvo la personalidad y el carisma de los líderes, pues en su profesión y en el quehacer cívico cotidiano jamás dejó de pensar en el bienestar de la familia ecuatoriana y el desarrollo material del país.

El pueblo, su mejor amigo
Convertido en un ícono de la actividad radiofónica nacional y continental, Armando Romero Rodas tenía como personaje de su vida a doña Marianita Rodas, su madre, pues ella se sacrificó para sacarlo adelante, al tiempo que orientó sus pasos e inspiró sobremanera su labor en el periodismo radial. En cuanto a sus mayores amigos en sus 75 años de vida, ponía todo el énfasis posible para ratificar que eran el pueblo del Ecuador, el de Guayaquil y los artistas populares.

También tenía frases de inmensa y eterna gratitud para tres excepcionales amigos suyos: Julio César Guerrero de Lucca, Charny Dáger Abifandi y Juan Romero Eguiguren, quienes fueron pilares para el creciente progreso de la emisora. E igualmente consignaba sin reparos el reconocimiento a sus colaboradores que afianzaron el prestigio de Cristal al paso de los años.

Siempre se confesó creyente en Dios, porque “Él lo representa todo y a Él debemos rendirle cuenta de lo bueno y lo malo que hagamos a nuestro paso por la tierra”, afirmaba con frecuencia.  Al mismo tiempo prometía seguir trabajando con igual ahínco, fervor, responsabilidad y amor hasta cuando el Ser Supremo lo recoja. Insistía que su norma de acción nunca dejaría de ser  la fe en el Ser Supremo, la gratitud al verdadero amigo y sobre todo, el ser útil a sus semejantes, tal cual se lo enseñó su madre Marianita, que inspiró el trabajo social de su popular emisora.

Radio Cristal: su  obra ejemplar
La filosofía de servir a la comunidad que le impuso desde su fundación en 1957 a Radio Cristal, permitió que esta se convierta muy pronto en un verdadero ícono de la radiodifusión ecuatoriana  y a él en uno de los mayores representantes de tan noble actividad. La Radio del Pueblo, como se califica a la emisora guayaquileña, bajo la orientación de Armando Romero Rodas emprendió en una serie de programas de recreación masiva, algunos de los cuales continúan vigentes, similar a las campañas cívicas, sociales y humanitarias que nunca decayeron para bien de la colectividad.

Para ejemplo de lo anterior allí están aún  ‘Desayúnese con las noticias’, el espacio informativo que casi nadie puede negar haber escuchado más de una vez cuando se alistaba en su hogar para dirigirse a su lugar de estudio, trabajo, etcétera; ‘La sorpresa radial de las once’, ‘Mañanitas ecuatorianas’, ‘El Balcón del Pueblo’ y ‘La hora Jota Jota’. Otra audición inconfundible que patentó la emisora Cristal fue la despedida del año cada noche del 31 de diciembre con la participación del propio Armando Romero Rodas, quien minutos antes y después convocaba al pueblo ecuatoriano a reflexiones, añoranzas y esperanzas mientras llegaba la hora cumbre de despedir al viejo año y darle la bienvenida al nuevo.
CARR, siglas de Armando Romero Rodas, resultó tan popular como su emisora y sus habituales espacios que animaron y todavía ofrecen entretenimiento, cultura e información general a una comunidad que los hizo parte de su historia. Rendimos tributo a un auténtico obrero de la radio y a un ejemplar ciudadano, que siempre entendió que la mejor herencia que se puede dejar a los compatriotas es el deber cumplido con responsabilidad, patriotismo e idóneo afán de servicio.

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