Domingo 04 de julio del 2004 Letras y Notas

Philip Roth, la poética de la masculinidad y el sexo

Jeannine Zambrano para EL UNIVERSO

La novela La Mancha Humana, escrita por este autor,   denuncia la mojigatería americana.

La primera vez que me topé con  Philip Roth –judío americano de 71 años, considerado hoy uno de los clásicos norteamericanos– no dejó de asombrarme su obsesión por el sexo transgresor, el sexo animal, el sexo como placer absoluto; por encima de tradiciones, verdades eternas, instituciones y morales.  Fue con El Teatro de Sabbath (1995, National Book Award), novela que me había recomendado insistentemente un amigo cercano, ávido lector, sarcástico y mundano.  Y así, sarcástica y mundana es esta novela de Roth, cuyo protagonista Mickey Sabbath, defiende la primacía de la experimentación sexual por sobre todas las cosas.

He tenido que llegar hasta La Mancha Humana (2000) para comprender mejor esta insistencia de Roth en el sexo.  Esta es la última novela de una gran trilogía que incluye Pastoral Americana (1997, Premio Pulitzer) y Me casé con un comunista (1998).  En ellas se plasma la visión de Roth de una sociedad americana hipócrita, movida por reglas de apariencia y conveniencia.  No por azar la trama de La Mancha Humana arranca en el verano del 98, “el verano en que el pene de un presidente (Bill Clinton) estuvo en la mente de todo el mundo” , y en que en EE.UU. “se desataba una orgía de religiosidad y de pureza, cuando al terrorismo, que había sustituido al comunismo como la amenaza predominante para la seguridad del país, le sucedió la mamada...”.

Este es uno de los párrafos iniciales de La Mancha Humana, cuya historia llega a nosotros como un ovillo que hay que desenredar con inteligencia; un rompecabezas crítico y deconstructor, cuyas piezas vamos acomodando al son del fraseo exquisitamente expansivo, melifluo, denso, sarcástico y reflexivo de su narrador: Nathan Zuckermann, escritor retirado del mundo que sirvió también de narrador a las otras dos novelas de la trilogía, y que, en muchos sentidos, representa el álter ego de Roth.

La historia
El centro del rompecabezas es el protagonista de la historia: Coleman Silk, colega de Zuckermann y profesor de literatura clásica del Athena College, en Massachusetts.  ¿Quién es realmente este polémico y reservado profesor de 71 años?  Que haya sido acusado de racismo por sus  colegas y removido de su cargo como Decano, que como resultado del ultraje y el estrés su fiel esposa haya muerto, que Silk esté teniendo un amorío animal con una analfabeta 37 años más joven que él; todo esto son las circunstancias del presente que no explican, ni remotamente, la vida de mentiras, acomodos, lucha de poder y dolor que es la historia de Coleman Silk.  La respuesta de quién es Silk nos internará en temas como la discriminación racial y social; la construcción de la virilidad y la lucha por la identidad en un medio hostil; la disyuntiva entre lo intelectual y lo carnal; el ansia de estatus y reconocimiento; la  podredumbre de la falsedad y la apariencia.

Una de las frases que resume el porqué de la obsesión literaria de Roth por el sexo es la que pronuncia el abogado de Silk ante el escándalo de su aventura sexual: “Han pasado años desde que Janis Joplin y Norman O. Brown lo cambiaron todo para mejorar.  Aquí tenemos gente que no modificará sus valores para ceder cortésmente el paso a la revolución sexual.  Fieles de mentalidad estrecha, rigoristas del decoro, toda clase de personas deseosas de desenmascarar y castigar a hombres como usted...” .  La Mancha Humana ha sido un enorme éxito de lectura, comparable a los bestsellers más frívolos y comerciales.  No solo fue elegida Libro del Año  por el club literario de Oprah Winfrey, sino que, como toda novela que arrasa, fue adaptada al cine el año pasado, exhibiendo como protagonistas nada menos que a los avasalladores Anthony Hopkins y Nicole Kidman.

La película, dirigida por Nicholas Meyer, ha tenido críticas contradictorias, tanto en festivales como en prensa; quizás porque era demasiado complejo convertir un libro tan reflexivo y cáustico en una buena versión fílmica.  Lo cierto es que el libro (editado por Alfaguara) sigue triunfando.  También en América Latina.  En países como Chile y Argentina está momentáneamente agotado.  Afortunadamente, en Ecuador aún nos quedan unos cuantos ejemplares de este acierto de  Roth.

Los premios
La cantidad de premios que sus veinticuatro novelas y relatos le ha significado, no deja de asombrar al que descubre a Philip Roth.  Entre sus muchas distinciones, en el 2002 recibió el mayor reconocimiento de la Academia Americana de Artes y Letras: la Medalla de Oro en Ficción, previamente concedida a John Dos Passos, William Faulkner, Saul Bellow, entre otros.  De él ha dicho Harold Bloom, reconocido crítico literario, que es uno de los cuatro mayores novelistas de su tiempo.  Un novelista de escándalo, sin duda.  Después de La Mancha Humana, publicó en el 2001 El Animal Moribundo, que repite la historia de un libidinoso profesor universitario en amoríos extramaritales, esta vez con una estudiante.  Su nueva novela, A Plot against America (aún sin título en español), a ser publicada en octubre de este año, explora la fantasía de que Charles Lindbergh asume la presidencia de EE.UU. durante la Segunda Guerra, llega a un acuerdo con Hitler y logra que los judíos sean deportados a su tierra.  Más de un lector está a la espera de lo que pasará en esta apuesta histórica y literaria...

Si en mi encuentro inicial con este gran novelista me enfrenté a múltiples disyuntivas: entre interpretar su ¿fanatismo? por el sexo como una determinación de escandalizar, un deseo de testimoniar la realidad oculta en las pasiones de dormitorio, una poética de la liberación y el hedonismo, o, sencillamente, un intento de asombrar;  ahora sé que es todo esto y más.   Sé que la verdad de la cama cobra en sus ficciones dimensiones políticas, existenciales y filosóficas.  Sé que su literatura se especializa en desentrañar historias de masculinidades, de hombres luchando por una virilidad tanto real como simbólica, en medio de un puritanismo terrorista y caduco. 

Como dice su narrador favorito, Nathan Zuckermann,  quizás “la pasión más antigua de Estados Unidos, e históricamente su placer más traicionero y subversivo, ha sido el éxtasis de la mojigatería”.

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