Teitelboim fue amigo personal del escritor Pablo Neruda. La biografía que él escribió sobre el escritor chileno, en 1984, es considerada una de las más completas a nivel mundial.
Allí estaba, en el vestíbulo del Swissôtel de la capital –el pasado jueves 17 de junio– con su juventud desbordante y enriquecida por los casi noventa años que ha vivido en esta tierra. Su nombre es Volodia Teitelboim, toda una leyenda, pieza fundamental de la política y cultura de Chile, y –además– amigo personal del poeta Pablo Neruda, su coterráneo.
El mismo Neruda fue el que lo trajo de vuelta a Ecuador, o mejor dicho, los festejos realizados en este país para conmemorar los cien años de su nacimiento y, por ende, para celebrar su palabra viva en el tiempo.
Teitelboim habla despacio, con una seguridad que impresiona. Piensa un poco para organizar sus ideas e inmediatamente aclara que conoció a Neruda por partes. Primero supo de su poesía. Confiesa que esta le llegó en su etapa de colegial, y reemplazó su predilección por su gran ídolo hasta ese entonces: la también chilena Gabriela Mistral. “Una clase cualquiera el profesor de castellano llevó dos libritos de Neruda, Crepusculario y Veinte poemas de amor, y leyó algunos de sus poemas con gran exaltación del descubrimiento del sexo, de la mujer, que me impresionaron”, recuerda el chileno.
Teitelboim se quedó con las ganas de conocerlo, pero era justo la época en la que el poeta estaba exiliado. En 1932, cuando Neruda regresó a Chile, Teitelboim se enteró por la prensa que había un recital del poeta, pero varias circunstancias le impidieron conocerlo.
Neruda volvió a alejarse de su Chile y también de conocer a Teitelboim. Se mudó a España para asumir el cargo de cónsul. Unos años más tarde, de regreso a su patria, tras haber sido destituido de su cargo por razones políticas, Teitelboim tuvo la posibilidad de conocerlo en una segunda faceta, en la personal. “En esa época era universitario y tenía que trabajar para pagar mis estudios. Me desempeñaba como redactor de una revista cultural importante cuyo director era un amigo personal de Pablo, y por esta razón, me pidió que lo entreviste”.
Cuenta Teitelboim que se excusó de hacerle la entrevista porque imaginó que Neruda no se portaría bien con él. Sin embargo, asegura que se equivocó: “Lucía como un ser común y corriente, amable. De esa entrevista nació una amistad, que al principio fue cultural, literaria, y que con el paso del tiempo fue personal, intensa, cómplice”.
Con el paso del tiempo, otra de las facetas en las que se complementaron fue en la ideología de izquierda remarcada en ambos. Teitelboim participó en las campañas políticas de Neruda para ser senador y presidente en Chile, y Neruda, a su vez, fue el jefe electoral de la campaña de Teitelboim cuando fue candidato a diputado de un departamento de Isla Negra. Comenta que el poeta manejaba muy bien su imagen política. La califica de particular, porque era algo así como “un anarquista literario”. Además, señala: “Era un gran incitador del trabajo colectivo”.
Neruda y Teitelboim también fueron defensores y militantes del gobierno de Salvador Allende. Sobre todo este último, quien participó de sus campañas políticas. Ambos lloraron por la destitución de su presidente, de su asesinato y por la debacle de Argentina tras la posesión de Pinochet, sostiene Teitelboim.
Su relación con Allende afirma que fue de fidelidad, de compatibilidad ideológica, pero con Neruda hubo “un nexo íntimo, lleno de secretos, risas”. Asegura que aprendió mucho del poeta porque él “veía la vida diaria de una manera sabia, porque a pesar de sus capacidades no se creía una celebridad”. Y agrega: “Tenía su ego, como cualquier otro, pero no se jactaba de su intelecto”.
Neruda lo marcó –afirma Teitelboim– por su altísimo sentido de la amistad. “Pablo era un pecador, como cualquiera, no era ningún santo, pero tenía una condición humana encantadora, tenía un gran espíritu de entrega al prójimo”.
En la faceta literaria lo describe como un “poeta torrencial, desmedido, uno de los más abundantes –en calidad– del siglo XX y un redescubridor de la poesía”.
Argumenta Teitelboim, también, que es “uno de los primeros poetas ecologistas, porque le rindió tributo a la naturaleza siempre; y un poeta de la historia humana, un defensor de lo que había hecho el hombre; le daba mucho realce a lo que la mano de la humanidad había construido, y a esto le brindaba un constante homenaje con su palabra” .
Según el político y escritor, el principal legado de Neruda en el ámbito literario es la proclamación de la libertad al escribir y de que los escritores deben hacer que su poesía llegue a todos los estratos. En el aspecto humano lo que destaca es la defensa de la dignidad del hombre y la promulgación del amor, concluye.
PÁGINAS
*Volodia Teitelboim nació en 1916 en la ciudad chilena de Chilán. Luego se trasladó con su familia a Talca y después a Curicó; en esta última ciudad hizo sus estudios básicos y medios. La educación superior, en el área de Derecho, la realizó en Santiago.
*Teitelboim recibió el Premio Municipal de Ensayo, de Santiago, en 1970. Además, fue director de las revistas Aurora, en Santiago y Araucanía, en Madrid. Ha ejercido la crítica literaria.
*Entre otras obras, el autor chileno ha escrito Antología de la poesía chilena nueva, 1935; El amanecer del capitalismo y la conquista de América, ensayo, 1943; Hijo del salitre, novela, 1952; La semilla en la área, 1957; La guerra interna, ensayo, 1969; La letra y la sangre, 1986.
* Teitelboim ha completado una trilogía biográfica de tres de las más altas figuras de la poesía chilena: Pablo Neruda, Gabriela Mistral y Vicente Huidobro.