Cerca de las 20h35, el sonido del péndulo de un reloj invadió el teatro para anunciar que la obra iba a empezar. El público observó cómo se abrían las cortinas que desde hacía cinco minutos mantenían una luz roja y otra verde. Apareció entonces el reloj suspendido en el aire, que salió flotando inquieto de su caja, poco después. Wendy, junto con sus hermanos Michael y John, ingresaron al escenario. Ya comenzaba a contarse la historia de Peter Pan, en la adaptación de Jiri Srnec.
Esta pieza, recreada por el Teatro Negro de Praga, tuvo su primera presentación en Guayaquil el pasado sábado 5 de junio. Rashid Ahmed, director del Teatro Centro de Arte, comentó que aproximadamente 700 localidades se vendieron y argumentó que no hubo un lleno completo como se esperaba, por la hora de la presentación. Sin embargo, eran pocos los lugares vacíos. Aseguró también que la venta de entradas para las funciones del domingo tuvo mayor acogida.
La concurrencia fue variada. Durante casi dos horas y media con un receso de 20 minutos, niños y adultos observaron la interacción de los objetos luminosos –al parecer pintados con neón– sobre fondo negro, suspendidos en el aire. La caja del reloj se convirtió en cama y en barco por un instante. Las mariposas y las manzanas volaban. Los padres de Wendy eran dos rostros grandes que tomaban té en tazas flotantes con terrones de azúcar y todo.
Aunque en esta obra se destaca la técnica del gabinete negro para que los objetos parezcan flotar en escena, la música y el sonido son fundamentales, ya que caracterizan a los personajes y acentúan la acción de sus movimientos. Es así como una música dinámica acompañaba a Wendy y a sus hermanos, y un coro de voces graves al Capitán Garfio. Una melodía era el polvo mágico que esparcía Campanita cada vez que agitaba sus alas. El trabajo de musicalización realizado por Iri Koptik complementó a la pantomima y al ballet: juntos lograron comunicar la trama. Además, el grupo de teatro manejó profesionalmente su técnica del gabinete negro. Ni por un instante se vio a quienes movilizaban los objetos.
Peter Pan voló en el escenario. El público expresó un ‘¡oh!’ al unísono, cuando este personaje subió ágilmente por una cortina en uno de sus enfrentamientos con Garfio.
Otra técnica utilizada fue el uso de imágenes proyectadas sobre pantallas en perspectiva que daban sensación de profundidad. Esto enriqueció a la escenografía, sobre todo durante las batallas piratas. También se proyectaba a los padres de los niños sobre cortinas en movimiento. Los monigotes asimismo se destacaron. El cocodrilo movía cada segmento de su cuerpo luminoso mientras se movilizaba, el oso de brillantes ojos verdes bailaba en la selva y el perro, que era la niñera de John, Michael y Wendy en la historia, lograba por sí solo bañarlos y darles su medicina.
“Hace tiempo estuve en una presentación del Teatro Negro de Praga en Madrid y me pareció que tenía que traer a mi esposa y a mi hijo para que conozcan este tipo de arte”, refirió Donald Castillo, quien puntualizó que estos espectáculos son importantes para la cultura infantil. Su hijo de 2 años estaba tan contento, que luego de escuchar las palabras de su padre, repitió el nombre del Capitán Garfio. Parece que este fue el personaje que más impresionó a los niños. Cuando el público abandonaba la sala, para otro pequeño seguían las aventuras de Peter Pan: La música que caracterizaba al Capitán Garfio, aquel coro de piratas, aún resonaba en sus labios.